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viernes, 8 de agosto de 2025

Comentario de San Juan de la Cruz y de Charles Spurgeon, sobre Gálatas 4:6

San Juan de la Cruz dice: En la transformación que el alma tiene en esta vida, pasa esta misma aspiración de Dios al alma y del alma a Dios con mucha frecuencia, con subidísimo deleite de amor en el alma, aunque no en revelado y manifiesto grado, como en la otra vida. Porque esto es lo que entiendo quiso decir san Pablo cuando dijo: Por cuanto sois hijos de Dios, envió Dios en vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, clamando al Padre.

Y no hay que tener por imposible que el alma pueda una cosa tan alta, que el alma aspire en Dios como Dios aspira en ella por modo participado, porque, dado que Dios le haga merced de unirla en la Santísima Trinidad, en que el alma se hace deiforme y Dios por participación, ¿qué increíble cosa es que obre ella también su obra de entendimiento, noticia y amor, o, por mejor decir, la tenga obrada en la Trinidad juntamente con ella como la misma Trinidad, pero por modo comunicado y participado, obrándolo Dios en la misma alma? Porque esto es estar transformada en las tres Personas en potencia y sabiduría y amor, y en esto es semejante el alma a Dios, y para que pudiese venir a esto la crió a su imagen y semejanza.

Y como esto sea, no hay más saber ni poder para decirlo, sino dar a entender cómo el Hijo de Dios nos alcanzó este alto estado y nos mereció este subido puesto de poder ser hijos de Dios, como dice san Juan; y así lo pidió al Padre por el mismo san Juan, diciendo: Padre, quiero que los que me has dado, que, donde yo estoy, también ellos estén conmigo para que vean la claridad que me diste; es a saber, que hagan por participación en nosotros, la misma obra que yo por naturaleza, que es aspirar al Espíritu Santo. Y dice más: No ruego, Padre, solamente por estos presentes, sino también por aquellos que han de creer por su doctrina en mí; que todos ellos sean una misma cosa, de la manera que tú Padre, estás en mí y yo en ti, así ellos en nosotros sean una misma cosa. Y yo, la claridad que me has dado, he dado a ellos, para que sean una misma cosa como nosotros somos una misma cosa, yo en ellos y tú en mí; para que sean perfectos en uno, para que conozca el mundo que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí, que es comunicándoles el mismo amor que al Hijo, aunque no naturalmente como al Hijo, sino, como habemos dicho, por unidad y transformación de amor. Como tampoco, se entiende, aquí quiere decir el Hijo al Padre que sean los santos una cosa esencial y naturalmente como lo son el Padre y el Hijo, sino que lo sean por unión de amor, como el Padre y el Hijo están en unidad de amor. De donde las almas esos mismos bienes poseen por participación que él por naturaleza; por lo cual verdaderamente son dioses por participación, iguales y compañeros suyos de Dios. De donde san Pedro dijo: Gracia y paz sea cumplida y perfecta en vosotros en el conocimiento de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor, de la manera que nos son dadas todas las cosas de su divina virtud por la vida y la piedad, por el conocimiento de aquel que nos llamó con su propia gloria y virtud, por el cual muy grandes y preciosas promesas nos dio, para que por estas cosas seamos hechos compañeros de la divina naturaleza. Hasta aquí son palabras de san Pedro, en las cuales da claramente a entender que el alma participará al mismo Dios, que será obrando en él, acompañadamente con él, la obra de la Santísima Trinidad, de la manera que habemos dicho, por causa de la unión sustancial entre el alma y Dios. Lo cual, aunque se cumple perfectamente en la otra vida, todavía en ésta, cuando se llega al estado perfecto, como decimos ha llegado aquí el alma, se alcanza gran rastro y sabor de ella, al modo que vamos diciendo, aunque, como habemos dicho, no se puede decir.

¡Oh almas criadas para esas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis?, ¿en qué os entretenéis? Vuestras pretensiones son bajezas y vuestras posesiones miserias. ¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma, pues para tanta luz estáis ciegos y para tan grandes voces sordos, no viendo que, en tanto que buscáis grandezas y glorias, os quedáis miserables y bajos, de tantos bienes hechos ignorantes e indignos! Del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, presbítero (Canción 39, 4-7).


Charles Spurgeon dice: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!». Esta preciosa bendición es nuestra «por cuanto [somos] hijos», y está repleta de resultados maravillosos. La condición de hijos, sellada por la presencia del Espíritu, nos trae paz y gozo. Nos lleva a estar cerca de Dios y a tener comunión con Él. Nos llena de confianza, amor y vehemente deseo, y genera en nosotros reverencia, obediencia y verdadera semejanza a Dios. Y todo esto —y mucho más— se debe a que el Espíritu Santo ha venido a habitar en nosotros. ¡Ah, misterio incomparable! De no haber sido revelado, jamás habría sido siquiera imaginado; y ahora que ha sido revelado, jamás habría sido creído si no fuera una experiencia real para aquellos que están en Cristo Jesús.




miércoles, 29 de abril de 2020

ESTUDIO SOBRE FILIPENSES 4:12-13



ESTUDIO SOBRE FILIPENSES 4:12-13

Leamos el pasaje:

“(12) Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.  (13)  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
 Flp 4:12-13 RV1960 .

El apóstol solía estar en cadenas, prisiones y necesidades, pero en todo aprendió a estar contento, a llevar su mente a ese estado, y aprovechar el máximo de eso. El orgullo, la incredulidad, el vano insistir en algo que no tenemos y el descontento variable por las cosas presentes, hacen que los hombres estén disgustados aun en circunstancias favorables.

Oremos por una sumisión paciente y por esperanza cuando estemos aplastados; por humildad y una mente celestial cuando estemos jubilosos. Es gracia especial tener siempre un temperamento mental sereno. Cuando estemos humillados no perdamos nuestro consuelo en Dios ni desconfiemos de su providencia, ni tomemos un camino malo para nuestra satisfacción. En estado próspero no seamos orgullosos ni nos sintamos seguros ni mundanos. Esta es una lección mucho más difícil que la otra, porque las tentaciones de la plenitud y de la prosperidad son más que las de la aflicción y la necesidad.

El apóstol no tenía la intención de moverlos a dar más, sino exhortarlos a una bondad que tendrá una recompensa gloriosa en el más allá. Por medio de Cristo tenemos la gracia para hacer lo que es bueno, y por medio de Él hemos de esperar la recompensa; como tenemos todas las cosas por Él, hagamos todas las cosas por Él y para su gloria.

Miremos la opinión de Tomas de Aquino:

La humildad unas veces significa cierta virtud: "el que se humilla será exaltado"; otras, abatimiento, abyección: "humillaron (apretaron) con grillos sus pies" (Sal 104,18). Y así habla aquí diciendo: "sé padecer humillaciones", esto es, soportar medidamente, como conviene, la abyección. Y porque a los hombres con las riquezas se les suben los humos, y con la pobreza se les bajan, por eso a la abundancia la llama exaltación. Y de entrambas partes hay peligro, pues con la abundancia engríese el ánimo contra Dios y con la pobreza queda deprimido. Por eso dice Salomón en los Proverbios 30: "no me des ni pobreza ni riquezas". Pero mejor lo dice el Apóstol, porque en un caso o en otro sabe gobernarse virtuosamente, y esto dondequiera, es a saber, en todo lugar, negocio, estado y condición; "estoy ya hecho a todo y lo he probado todo" (2Co 6).

- "Todo lo puedo en Aquel que me conforta". Pone la causa de su constancia diciendo: "todo lo puedo"; como si dijera: no pudiera soportar estos insultos y oprobios, a no confortarme la mano de Dios (Ez. 3; Is 40). Más, pues estás hecho a pasar necesidad, ¿por ventura te sobró de lo que te mandamos? No, porque, aunque sepa "padecer penuria", que es una virtud, no por eso han de retirarme el socorro (Rm 12; He. X). Está, pues, clara la causa.”

Dice pues: no me da miedo la pobreza, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. No hay cosa que ponga más de manifiesto la estatura de un perfecto sabio como el saber navegar con cualquier viento, (estar de temple a todas horas y en cualquier estado). Que así como el buen capitán maniobra con cualquier ejército según su condición; y el buen curtidor con cualquier cuero curte muy buenas suelas; así es perfecto el que sabe acomodarse al tiempo, de suerte que ni por estar en la cumbre se le suba, ni por yacer en lo más hondo se deprima. Por lo cual dice: "pues he aprendido" (Is 50). Bástame con lo poco si eso tengo, y si mucho, sé responder como el eco al mismo tono. Y así se explica diciendo: "sé vivir en pobreza y sé vivir en abundancia".

Pablo se acostumbró a vivir en cualquier circunstancia contento y feliz, en Cristo. “a contentarme en cualquier condición”(Versículo 11). Contentarme—El griego, lit., expresa “independiente de otros, y teniendo suficiencia en uno mismo”. Pero el cristianismo ha elevado el término por encima de la arrogante “autosuficiencia” del pagano estoico al contentamiento del cristiano, cuya suficiencia no está en sí mismo, sino en Dios (2Co_3:5; 1Ti_6:6, 1Ti_6:8; Heb_13:5; cf. Jer_2:36; Jer_45:5). Muy pocas personas -- aun en la iglesia -- han aprendido este secreto con respecto a la prosperidad y la pobreza.

Vemos en seguida la diferencia entre los estoicos y Pablo. Los estoicos decían: " Aprenderé a ser autosuficiente mediante un acto de mi propia voluntad.» Pablo decía: " Todo lo puedo arrostrar gracias al Cristo Que me infunde las fuerzas.» Para los estoicos, la autosuficiencia era un logro humano; para Pablo era un don divino. El estoico era auto-suficiente; Pablo era Dios-suficiente. El estoicismo fracasaba porque no era humano; el Cristianismo triunfa porque está enraizado en lo divino. Pablo podía arrostrar cualquier cosa, porque en toda situación tenía a Cristo; la persona que camina con Cristo puede arrostrarlo todo.

Miren el interesante punto de vista de Charles Spurgeon:

Saber en todo momento ser rico

“Hay muchos que “saben estar humillados”, pero que no han aprendido cómo “tener abundancia”. Si son colocados en la cima de una montaña se marean y caen de inmediato. El cristiano deshonra más a menudo su profesión en la prosperidad que en la adversidad.

Es peligroso ser próspero. El crisol de la adversidad es Una prueba menos severa para el creyente que el refinamiento de la prosperidad. ¡Cuánta debilidad de alma y cuánto descuido de lo espiritual nos ha venido a través de las mercedes y abundancias de Dios! Empero, no debe necesariamente ser así, pues el apóstol nos dice que él sabe cómo tener abundancia. Cuando tenía mucho, sabía cómo usarlo.

La gracia abundante lo capacitaba para poseer abundante prosperidad. Cuando su barco iba viento en popa, lo cargaba con mucho lastre, y así flotaba. Se necesita más que habilidad humana para llevar la rebosante copa de gozo mortal con mano firme. Sin embargo, el apóstol había aprendido aquel arte, pues dice: “En todo y por todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre”. Saber cómo estar hartos es algo que solo Dios puede enseñarnos. Los israelitas estuvieron hartos una vez, pero, con la carne aún en sus bocas, la ira de Dios vino sobre ellos. Muchos han pedido bendiciones solo para satisfacer la codicia de sus corazones.

Aquellas personas que solo navegan en un barco pequeño por un lago no tienen historias que contar acerca de aventuras en el mar. Pero el que va a escribir un libro acerca de viajes largos debe viajar muy lejos de la tierra y contemplar el mar en tiempos de tormenta así como de calma. Quizá te convertirás en un cristiano experimentado; darás gran honor a Dios al ser el medio de consuelo para otros que serán probados de manera similar a como tú lo fuiste.

Te prepararás para ser un héroe y eso no puede lograrse excepto por medio de penas grandes y amargas que te sobrevengan. Creo que entre nosotros hay algunos a quienes Dios no puede confiarles mucho gozo. La cabeza se marearía si se le pone en un pináculo muy alto y se volvería orgullosa y autosuficiente y por lo tanto se destruiría. Dios no mataría a sus hijos con caramelos como tampoco lo haría con amargura. Cuando lo necesiten tendrán un tónico, pero si el tónico es tan amargo que pareciera que no pueden tomarlo y seguir viviendo, el Señor les quitará el tónico o les dará alguna dulzura deliciosa que quite todo el sabor amargo.”

CONCLUSIÓN:

En todo y por todo Pablo había aprendido el secreto, lo mismo de estar saciado que de tener hambre, lo mismo de tener abundancia que de padecer necesidad. ¿Y cómo había aprendido el apóstol esta lección? Sencillamente de esta manera: estaba confiado en que estaba en la voluntad de Dios. Sabía que, estuviese donde estuviese, o se encontrase en la circunstancia que fuese, estaba ahí por disposición divina.

Si tenía hambre, era porque Dios quería que tuviese hambre. Si estaba saciado, era porque así lo había planeado su Señor. Ocupado con fidelidad en el servicio de su Rey, podía decir: «Sí, Padre, porque así fue de tu agrado». El apóstol tenía fortaleza para soportarlo "todo" (vv.Flp_4:11-12), y esto incluía tanto las dificultades como la prosperidad en el mundo material. “En Cristo que me fortalece”. La palabra griega que se traduce "fortalece" significa "poner poder adentro". Gracias a que los creyentes están en Cristo (Gál_2:20), Él infunde en ellos su energía para sustentarlos hasta que reciban alguna provisión (Efe_3:16-20; 2Co_12:10). No tenía Pablo esta fuerza como resultado de cierta capacidad innata, ni tampoco por la excelencia de la resolución mental, sino que derivaba de su relación íntima con Cristo.


sábado, 25 de abril de 2020

ESTUDIO SOBRE LUCAS 4:16-21



ESTUDIO SOBRE LUCAS 4:16-21

Leamos el pasaje:

“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.
Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

(Luc 4:16-21 RV1960)



En Nazaret, la ciudad donde había transcurrido su infancia y juventud, Jesús iba regularmente a la sinagoga cada sábado. Había otras dos cosas que leemos que hacía con regularidad. Oraba con regularidad (Luc_22:39) y era Su hábito enseñar a otros (Mar_10:1). En una visita a la sinagoga, ... se levantó a leer de las Escrituras del AT. El asistente le entregó el rollo sobre el que estaba escrita la profecía de Isaías. El Señor desenrolló el volumen abriéndolo por lo que conocemos ahora como Isaías 61, y leyó el versículo Isa_61:1 y la primera mitad del versículo Isa_61:2. Este pasaje siempre había sido reconocido como una descripción del ministerio del Mesías. Cuando Jesús dijo: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír, estaba diciendo de la manera más clara posible que Él era el Mesías de Israel.

Observemos las implicaciones revolucionarias de la misión del Mesías. Él había venido para afrontar los enormes problemas que han afligido a la humanidad a lo largo de la historia:

La pobreza. Para predicar el evangelio a los pobres.

Pobres literales y pobres en espíritu, los mansos y humildes. Evangelio significa “buenas nuevas” o “nuevas alegres”. Parece que los pobres estuvieron más dispuestos a escuchar a Jesús. Su necesidad los dirigía al Salvador. Nadie, rico o pobre puede encontrar a Jesús hasta que se dé cuenta de su destitución espiritual, busque a Cristo y confiese su necesidad.

Dolor. A sanar a los quebrantados de corazón.

“Significa romper en pedazos, quebrantado de corazón, y frecuentemente también el cuerpo. Es conmovedor pensar que Jesús sentía como su misión recomponer corazones quebrantados como trozos de vasos de barro cocido, una verdadera obra de rescate. Jesús los recompone y los libera de sus limitaciones” (ATR). Desde luego, para hacer esto tenía que perdonar pecados (Mar_2:5; Luc_8:48). Al buscar a los perdidos Jesús era el Médico que buscaba enfermos (5:31).

Esclavitud. A proclamar liberación a los cautivos.

Especialmente a los esclavizados por el pecado y Satanás. La expresión es reminiscente de la cautividad babilónica.
Sufrimiento. Y recuperación de la vista a los ciegos.

Tanto física como espiritualmente. Un momento de reflexión les revelará a Cristo en los dos aspectos de su ministerio impartidor de luz. Jesús abrió los ojos de los que estaban ciegos físicamente, pero su gran propósito era abrir ojos espirituales, pero primero éstos tenían que reconocer que estaban ciegos, Jua_9:39.
Opresión. A poner en libertad a los oprimidos.

Los que han sido heridos por la calamidad o pecado. La libertad del pecado es segura y completa; la liberación de la calamidad o dificultades implica, o bien ser librados de la causa de ellas, o gracia para soportarlas.

Añado este análisis que hizo Charles Spurgeon:

“Ninguno, excepto Jesús, puede liberar a los cautivos. La verdadera libertad viene solo de Él. Es ésta una libertad justamente otorgada, pues el Hijo, heredero de todas las cosas, tiene derecho a libertar a los hombres. Los santos veneran la justicia de Dios, que ahora es asegura la salvación. Esta libertad fue comprada a un precio elevado. Cristo habló de ella con su poder, pero la compró con su sangre. Él te hace libre, pero a costa de su prisión; te libertó porque El llevó tu carga; te pone en libertad porque El sufrió en tu lugar. Pero, aunque esa libertad la compró a un precio elevado, te la da, sin embargo, gratuitamente. Jesús no pide nada de nosotros como preparación para recibir la libertad. Nos ve sentados en saco y en ceniza y pide que nos pongamos los bellos atavíos de la libertad. Él nos salva tal como somos, y lo hace todo sin nuestra ayuda y sin nuestros méritos. Cuando Jesús nos pone en libertad, esa libertad está perpetuamente asegurada, ninguna cadena nos atará otra vez. Es suficiente que el Maestro diga: “Cautivo, yo te he libertado”, para que yo quede libre para siempre. Satán procurará esclavizarnos, pero si el Señor está a nuestro lado, ¿a quién temeremos? El mundo con sus tentaciones buscará engañarnos, pero el que está por nosotros es más poderoso que los que están contra nosotros. Las maquinaciones de nuestro engañoso corazón nos acosarán, pero el que empezó en nosotros la buena obra, la proseguirá y perfeccionará hasta el Fin. Los enemigos de Dios y los enemigos del hombre pueden reunir sus huestes y venir en contra de nosotros con renovada furia, pero si Dios nos liberta, ¿quién nos puede condenar? El águila que asciende hasta su nido y se remonta hasta las nubes, no es más libre que el alma libertada por Cristo. Si no estamos bajo la ley, libres de su maldición, exhibamos en forma práctica nuestra libertad, sirviendo a Dios con gratitud”.

Conclusión:

En suma, vino a proclamar un año favorable del Señor -el amanecer de una nueva era para las multitudes gimientes y sollozantes de este mundo-. Se presentó como la respuesta a todos los males que nos atormentan. Y esto es cierto tanto si se piensa en estos males en un sentido físico o espiritual. Cristo es la respuesta.

Es significativo que se detuvo al leer estas palabras: ... a proclamar un año favorable del Señor. No añadió el resto de las palabras de Isaías: «... y el día de la venganza de nuestro Dios». El propósito de Su Primera Venida era predicar el año favorable del Señor. Esta actual era de la gracia es el tiempo aceptable y el día de la salvación. Cuando regrese a la tierra por segunda vez, será para proclamar el día de la venganza de nuestro Dios. Observemos que el tiempo favorable es descrito como un año, y el tiempo de venganza como un día.

Bibliografia:

Biblia Reina Valera 1960.
Biblia de Estudio Maacthur.
Comentarios bíblicos de W. Macdonald.
Comentario al N.T W. Partain y Bill H. Reeves.
Comentario Biblico Beacon.
Devocional CH. Spurgeon.


Edwing Piñango 25/04/2020