jueves, 10 de diciembre de 2020

DEFENSA DEL EVANGELIO DE JUAN

 

DEFENSA AL EVANGELIO DE JUAN
COMPARACION CON LOS SINOPTICOS:


Desde luego, los cuatro Evangelios son uno y hay perfecta consonancia entre ellos, pero el Evangelio según Juan es diferente y único. No es una biografía de Cristo, sino una selección de sus señales, obras y enseñanza, junto con el testimonio de muchas personas, que confirman que El es el Hijo de Dios (Dios el Hijo). 


Los cuatro Evangelios registran el ministerio de Jesucristo, y concluyen con la narración detallada de su muerte, sepultura y resurrección. Fueron escritos para producir la fe salvadora en Cristo, como Juan afirma con toda claridad (20:30, 31). En lugar de repetir los detalles del nacimiento de Jesús de una virgen, Juan escribe un prólogo solemne que enfáticamente afirma la Deidad de Cristo (1:1-18). 


Los cuatro hablan de Juan el bautista, pero los Sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) presentan los detalles de su nacimiento, ministerio y mensaje (el arrepentimiento y el bautismo para perdón de los pecados), pero para el cuarto Evangelio lo importante era el testimonio de Juan: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (1:29, 36), y que a pesar de su propia popularidad, el bautista enfatizaba que él no era el Cristo, sino sólo la voz que clamaba en el desierto (1:23).


Los Sinópticos enfatizan la obra de Jesús en Galilea, mientras que Juan se concentra en su enseñanza y obra en Judea y en Jerusalén. La lectura de los Sinópticos no revela cuánto tiempo duró el ministerio de Jesús, pero Juan se refiere a las sucesivas Pascuas para marcar su duración. Es probable que la fiesta de Jua_5:1 fue otra Pascua y si así fue, el ministerio de Jesús duró más de tres años. (Algunos dudan que esta fiesta haya sido la Pascua, pero véase Notas sobre este texto). 

Juan no repite los milagros de echar fuera demonios y de limpiar a los leprosos, pero registra algunos milagros omitidos por los otros: la sanidad del paralítico de Betesda, la sanidad del hombre que nació ciego, y la resurrección de Lázaro. No sólo omitió el nacimiento de Jesús de una virgen, sino también las tentaciones (Mat_4:1-25), la transfiguración, la institución de la cena del Señor, y su agonía en Getsemaní. 

Sólo Juan narra los discursos de Jesús con Nicodemo y la mujer samaritana, y los discursos sobre el pan de vida, el Buen Pastor, la Vid y los sarmientos, los dichos "Yo soy", la explicación detallada de la venida (y el propósito de la venida) del Espíritu Santo. 

Juan es el que nos dice que Cristo vino para revelar al Padre y que, por eso, el ver a Jesús era ver al Padre (8:19; 12:45; 14:9). Juan nos dice que Cristo era igual a Dios (5:18) y que debemos honrarle como honramos al Padre (5:23).

AUTORIA DEL EVANGELIO
Autor y fecha

Aunque el nombre del autor no aparece en el Evangelio, la tradición de la iglesia primitiva fuerte y consecuentemente lo identificó como el apóstol Juan. El padre de la iglesia primitiva Ireneo (ca. 130-200 d.C.) fue un discípulo de Policarpo (ca. 70-160 d.C.), quien a su vez fue un discípulo del apóstol Juan, y él testificó en la autoridad de Policarpo que Juan escribió el Evangelio durante su residencia en Éfeso en Asia Menor cuando él era avanzado en edad (Against Heresies [Contra herejías] 2.22.5;; 3.1.1). Después de Ireneo, todos los padres de la iglesia dieron por sentado que Juan era el escritor del Evangelio. Clemente de Alejandría (ca. 150-215 d.C.) escribió que Juan, consciente de los hechos establecidos en los otros Evangelios y siendo guiado por el Espíritu Santo, compuso un "evangelio espiritual" (vea Ecclesiastical History [Historia de la iglesia] de Eusebio 6.14.7).

Reforzando la tradición de la iglesia primitiva hay características significativas internas del Evangelio. Mientras que los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) identifican al apóstol Juan por nombre aproximadamente veinte veces (incluyendo paralelos), él no es mencionado directamente por nombre en el Evangelio de Juan. En lugar de esto, el autor prefiere identificarse a sí mismo como el discípulo "al cual Jesús amaba" (Jua_13:23; Jua_19:26; Jua_20:2; Jua_21:7; Jua_21:20). La ausencia de cualquier mención del nombre de Juan directamente es impresionante cuando uno considera la participación importante que tuvieron otros discípulos que son nombrados en este Evangelio. Sin embargo, la designación continua de sí mismo como el discípulo "al cual Jesús amaba", una evasión deliberada por parte de Juan de su nombre personal, refleja su humildad y celebra su relación para con su Señor Jesús. Ninguna mención de su nombre fue necesaria debido a que sus lectores originales claramente entendieron que él era el autor del Evangelio. También, a través de un proceso de eliminación basado primordialmente en un análisis del material en los caps.Jua_20:1-31; Jua_21:1-25, este discípulo "al cual Jesús amaba" se reduce al apóstol Juan (p. ej.Jua_21:24; cp. Jua_21:2). Debido a que el autor del Evangelio es exacto en mencionar los nombres de otros personajes en el libro, si el autor hubiera sido alguien fuera del apóstol Juan, no habría omitido el nombre de Juan.

La condición anónima del Evangelio fuertemente refuerza los argumentos en favor de que Juan sea el autor, ya que solo alguien de su bien conocida y preeminente autoridad como apóstol podría ser capaz de escribir un Evangelio que fuera diferente de una manera tan marcada en forma y sustancia de los otros Evangelios y haber recibido aceptación unánime en la iglesia primitiva. En contraste, los evangelios apócrifos producidos a mediados del siglo segundo en adelante fueron falsamente atribuidos a apóstoles u otras personas famosas asociadas de manera cercana a Jesús, sin embargo, universalmente fueron rechazados por la iglesia.

Juan y Jacobo, su hermano mayor (Hch_12:2), eran conocidos como "los hijos de Zebedeo" (Mat_10:2-4), y Jesús les dio el nombre de "Hijos del trueno" (Mar_3:17). Juan fue un apóstol (Luc_6:12-16) y uno de los tres asociados más íntimos de Jesús (junto con Pedro y Jacobo, cp. Mat_17:1; Mat_26:37), siendo un testigo ocular y participante en el ministerio terrenal de Jesús (1Jn_1:1-4). Después de la ascensión de Cristo, Juan se convirtió en un "pilar" en la iglesia de Jerusalén (Gál_2:9). Él ministró con Pedro (Hch_3:1; Hch_4:13; Hch_8:14) hasta que fue a Éfeso (la tradición dice antes de la destrucción de Jerusalén), desde donde escribió este Evangelio y desde donde los romanos lo exiliaron a Patmos (Apo_1:9). Además del Evangelio que lleva su nombre, Juan también escribió 1, 2 y 3 de Juan y el libro de Apocalipsis (Apo_1:1).

Debido a que los escritos de algunos de los padres de la iglesia indican que Juan estuvo activamente escribiendo durante su edad madura y que ya estaba consciente de los Evangelios sinópticos, muchos fechan el Evangelio en algún momento después de la composición es estos últimos, pero previo al momento en el que Juan escribió 1, 2 y 3 Juan o Apocalipsis. Juan escribió su Evangelio ca. 80-90 d.C., alrededor de cincuenta años después de que fue testigo del ministerio terrenal de Jesús.

TRASFONDO HISTORICO Y TEMA CENTRAL

Juan construye su Evangelio alrededor de siete milagros o «señales» que se habían hecho en público. Cada uno de estos milagros tiene el designio de mostrar que Jesús es Dios:
(1) La transformación del agua en vino en las bodas en Caná de Galilea (Jua_2:9).
(2) La curación del hijo del noble (Jua_4:46-54).
(3) La curación del paralítico en el estanque de Betesda (Jua_5:2-9).
(4) La alimentación de los cinco mil (Jua_6:1-14).
(5) La andadura de Jesús sobre el Mar de Galilea para salvar a Sus discípulos de la tempestad (Jua_6:16-21).
(6) La curación del ciego de nacimiento (Jua_9:1-7).
(7) La resurrección de Lázaro de los muertos (Jua_11:1-44). Además de estos siete milagros llevados a cabo en público, hay una octava señal llevada a cabo sólo para Sus discípulos después de la resurrección -la pesca milagrosa (Jua_21:1-14).

Dice Charles R. Erdman que el Cuarto Evangelio «ha inducido a más personas a seguir a Cristo, ha inspirado a más creyentes a un servicio leal, ha presentado más problemas a los académicos, que cualquier otro libro que se pueda pensar».

La cronología del ministerio terrenal de nuestro Señor se construye en base de este Evangelio. Por la lectura de los otros tres Evangelios, podría parecer que el ministerio de Cristo había durado sólo un año. Las referencias a las fiestas anuales que aparecen en Juan nos dan una duración de Su ministerio público de alrededor de tres años. Obsérvense estas referencias: La primera Fiesta de la Pascua (Jua_2:12-13); «una fiesta» (Jua_5:1), posiblemente la Pascua o Purim; la segunda (o tercera) Fiesta de la Pascua (Jua_6:4); la Fiesta de los Tabernáculos (Jua_7:2); la Fiesta de la Dedicación (Jua_10:22), y la última Fiesta de la Pascua (Jua_12:1).

Juan es también específico en sus referencias al tiempo. Mientras que los otros tres escritores se contentan a menudo con referencias aproximadas, Juan menciona detalles específicos como la hora séptima (Jua_4:52); el tercer día (Jua_2:1); dos días (Jua_11:6) y seis días (Jua_12:1).

El estilo y vocabulario de este Evangelio son singulares excepto por las Epístolas de Juan. Las oraciones son breves y sencillas. Son hebreas en pensamiento aunque griegas de lenguaje. ¡A menudo, cuanto más breve la oración, tanto más vigorosa la verdad! El vocabulario es el más limitado de todos los Evangelios, pero el más profundo en significado. Obsérvense estas importantes palabras y cómo a menudo aparecen: Padre (118), creer (100), mundo (78), amor (45), testigo, testimonio, testificar, etc. (47), vida (37), luz (24).

Un rasgo característico de Juan es el empleo del número siete y de sus múltiplos. A lo largo de la Escritura las ideas de perfección y plenitud van unidas a este número (véase Gén_2:1-3). En este Evangelio, el Espíritu de Dios perfecciona y completa la revelación de Dios en la Persona de Jesucristo, y por ello son frecuentes las pautas basadas en el número siete.

Los siete «Yo soy» de Juan son conocidos: «El Pan de Vida» (Jua_6:35; Jua_6:41; Jua_6:48; Jua_6:51); «La Luz del Mundo» (Jua_8:12; Jua_9:5); «La Puerta» (Jua_10:7; Jua_10:9); «El Buen Pastor» (Jua_10:11; Jua_10:14); «La Resurrección y la Vida» (Jua_11:25); «El Camino, la Verdad, y la Vida» (Jua_14:6); y «La Vid» (Jua_15:1; Jua_15:5). No tan conocidos son los siete «Yo soy» sin predicado, esto es, la simple declaración: Jua_4:26; Jua_6:20; Jua_8:24; Jua_8:28; Jua_8:58; Jua_13:19; Jua_18:5; Jua_18:8. La última es doble.

En el sexto capítulo, que tiene que ver con el Pan de Vida, la palabra griega traducida «pan» y «panes» aparece veintiuna veces, un múltiplo de siete. También en el discurso del Pan de Vida, la expresión «pan del cielo» aparece exactamente siete veces; también aparece siete veces una expresión similar, «desciende del cielo».
El propósito de Juan al escribir, tal como hemos visto, era que sus lectores creyesen «que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, [[tengan]] vida en su nombre» (Jua_20:31).

LOS LECTORES PARA QUIENES FUE DESTINADO EL EVANGELIO DE JUAN

En cuanto a los lectores para quienes fué inmediatamente destinado, que eran gentiles naturalmente podríamos suponer por lo tarde de la fecha; pero la multitud de explicaciones de cosas familiares a todo judío, pone esto fuera de toda duda.
Jamás hubo duda acerca de la legitimidad y autenticidad de este Evangelio sino hacia fines del siglo XIX ni fueron estas dudas expresadas en algún ataque formal contra él; hasta que Bretschneider, en 1820, publicara su famoso tratado ("Probabilia", etc.), las conclusiones del cual él no fué bastante cándido para reconocer, habían sido confutadas satisfactoriamente. Referirnos a estas conclusiones sería tan penoso como innecesario; pues consisten en la mayor parte en afirmaciones acerca de los discursos de nuestro Señor registrados en este Evangelio, las cuales son repugnantes a toda mente espiritual. La escuela Tübingen hizo todo lo posible, según su manera peculiar de razonamiento, para infundir vida en esta teoría de la fecha postjoanina del Cuarto Evangelio; y algunos críticos unitarios en este país todavía se adhieren a ella. Pero para usar el lenguaje sorprendente de Van Osterzee acerca de especulaciones similares sobre el Tercer Evangelio: "He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán" (Act_5:9), damos el resultado en este esfuerzo destructivo. ¿Hay una mente de la menor elevación de discernimiento espiritual que no vea en este Evangelio señales de verdad histórica y una gloria sobresaliente cual ninguno de los otros Evangelios posee, por brillantemente como ellos también atestiguan su propia veracidad; y quien no esté listo a decir que si no es históricamente verdadero, y verdadero tal como está, nunca habría podido ser compuesto ni concebido por hombre mortal?

De las peculiaridades de este Evangelio, haremos notar aquí sólo dos. La una es su carácter meditativo. Mientras que las otras son puramente narrativas, el cuarto evangelista "se detiene, como si fuese, a cada vuelta", como dice Da Costa ("Cuatro Testigos", p. 234), "una vez para dar una razón, otra vez para fijar la atención, para sacar alguna consecuencia, o hacer aplicaciones, o dar salida a palabras de alabanza". Véanse los caps. 2:20, 21, 23-25; 4:1, 2; 7:37-39; 11:12, 13, 49-52; 21:18, 19, 22, 23. La otra peculiaridad es su carácter suplementario. Por esto, en el caso presente, queremos decir algo más que el cuidado con el cual omite muchos incidentes muy importantes en la vida de nuestro Señor, por ningún motivo concebible sino que eran bien conocidos por todos sus lectores, por medio de los tres Evangelios anteriores, y que él sustituye en lugar de éstos una cantidad inmensa de material riquísimo no hallado en los otros Evangelios. Nos referimos aquí más particularmente a la naturaleza de los acontecimientos agregados que distinguen este Evangelio; particularmente las menciones de las diferentes Pascuas que ocurrieron durante el ministerio público de nuestro Señor, y la documentación de sus enseñanzas en Jerusalén sin la cual, no es decir demasiado, no habríamos podido tener sino un concepto muy imperfecto tanto de la duración de su ministerio como del plan de él. Pero otro rasgo de estos acontecimientos agregados es bien evidente y no menos importante. "Hallamos", para usar otra vez las palabras de Da Costa (pp. 238, 239), algo abreviadas, "sólo seis de los milagros de nuestro Señor relatados en este Evangelio, pero éstos son todos de la clase más notable, y sobrepujan a los demás en profundidad, especialidad de aplicación, y plenitud de sentido. De estos seis sólo hallamos uno en los otros tres Evangelios: el de la multiplicación de los panes. Parecería que principalmente este milagro por causa de las instrucciones importantes para las cuales el milagro sirve de ocasión (cap. 6), se relata aquí de nuevo. Las otras cinco muestras del poder divino se distinguen de entre las muchas relatadas en los otros Evangelios, por el hecho de que proveen un despliegue superior de poder y mando sobre las leyes y el curso ordinarios de la naturaleza. Así hallamos relatado aquí el primero de todos los milagros que Jesús obró, el de cambiar el agua en vino (cap. 2), la curación del hijo del príncipe a la distancia (cap. 4); de las numerosas curaciones de los cojos y paralíticos por la palabra de Jesús, sólo una, la del hombre impotente por treinta y ocho años (cap. 5); de las muchas curaciones de los ciegos, sólo una, la del hombre ciego de nacimiento (cap. 9); la restauración de Lázaro no del lecho de muerte, como la hija de Jairo, ni del féretro, como el hijo de la viuda de Naín, sino del sepulcro, y después de estar allí cuatro días, volviendo a la corrupción (cap. 11); y finalmente, después de su resurrección, la pesca milagrosa en el mar de Tiberias (cap. 21). Pero todos éstos se relatan principalmente para dar ocasión para documentar aquellos discursos y conversaciones asombrosos, lo mismo con amigos y con enemigos, con sus discípulos y con la multitud que los milagros atrajeron".

OPINION DE LEON MORRIS EN SU COMENTARIO DEL EVANGELIO DE JUAN:

Sin embargo, es bastante probable que uno de los objetivos de Juan fuera combatir las falsas enseñanzas de tipo doceta. Los docetas sostenían que Cristo no se había encarnado, es decir, tenía apariencia humana, pero no lo era
Está claro que la herejía doceta no apareció en el siglo I; sin embargo, algunos elementos que más adelante pasaron a formar parte de esta herejía parecen ser bastante tempranos. Es decir, mientras Juan no tuviera ante él una herejía doceta totalmente formada y reconocida, no hay duda alguna de que se tuviera que enfrentar a falsas enseñanzas de estas características. Esto puede verse  claramente en 1ª Juan, pero también puede percibirse en el Evangelio. Por ello encontramos dichos como “el Verbo se hizo carne” (1:14) y un énfasis en la muerte física de Jesús. Durante todo el Evangelio, Juan quiere enfatizar la genuina humanidad de Jesús y, a la vez, explicar el hecho de que verdaderamente había sido enviado por Dios

Pero todo esto no quiere decir que el propósito principal de este evangelio fuera combatir el docetismo incipiente. La oposición que hay hacia las falsas enseñanzas es casi inherente al Evangelio. Pero la razón de ser de este libro es otra. Otros mantienen que Juan escribió en contra de los judíos incrédulos. Uno de los elementos en los que se basan es el uso que en el Evangelio se hace del término “los judíos”. Nuestro evangelista usa esta expresión con mucha más frecuencia que los otros evangelistas, y está claro que no muestra ninguna simpatía por esos “judíos”.
No obstante, este es tan solo un aspecto del Evangelio y no es, ni mucho menos, el más destacable. No puede decirse que haya suficientes evidencias como para decir que éste es el principal objetivo del Evangelio. Otros creen que Juan escribió para diferenciarse de los seguidores de Juan el Bautista

Deja muy claro que el lugar de Juan el Bautista era secundario, y puede que al escribir tuviera en mente a algunos seguidores del profeta1 06. Pero, nuevamente, éste es simplemente un pequeño matiz, y está lejos de representar el propósito central de nuestro evangelio. Otros son de la opinión de que el interés principal de Juan era ir en contra de los maestros cristianos que daban demasiada importancia a los sacramentos o, a la inversa, que no les daban la importancia necesaria
Todo dependerá de la opinión que tengamos sobre cuál era el lugar de los sacramentos en el pensamiento de Juan. Ciertamente, en todo el Evangelio no menciona ni el bautismo cristiano, ni la Cena del Señor. Y podríamos llegar a decir que tampoco hace ninguna referencia, ni tan siquiera oblicua o implícita, a estos sacramentos. Sin embargo, algunos estudiosos afirman que sobre todo en los capítulos 3 y 6 podemos ver cierto interés por estos dos sacramentos. Dado que a partir de las mismas evidencias se sacan dos conclusiones totalmente opuestas, los argumentos presentados no descansan sobre bases muy claras Por tanto, no caeremos en el error de decir que éste es el propósito o tema central del Evangelio.

EVANGELIO DE JUAN HELENIZADO?

En otra línea, otros piensan que el propósito principal de Juan era presentar al mundo un tipo de cristianismo “helenizado”. Veamos sus argumentos:

Argumenta E.F. Scott (The Fourth Gospel p.6): “Para que la religión pudiera extenderse de forma natural en el mundo gentil, al que, desde los tiempos de Pablo, había atraído de forma particular, había que descubrir cómo expresarla para que el mundo de influencia helena pudiera entenderlo (...) El autor del Cuarto Evangelio, que no se contentó simplemente con introducir ideas o conceptos helenos aislados, intentó reelaborar todo el mensaje cristiano haciendo uso de la filosofía del momento”.

Igualmente parece ser que C.H. Dodd va en esta línea: «Podemos pensar que esta obra está dirigida a un amplio público formado principalmente por gente devota a quien le gustaba razonar (...) de la sociedad variada y cosmopolita de las grandes ciudades helenistas como Éfeso en época del Imperio Romano» (IFG, p. 9).
Quería plasmar el cristianismo de una forma respetable e intelectual para que llegara al máximo número de gente posible, agregándole filosofías y cultura helénica”; ahora es esto cierto?

DEFENSA DE LEON MORRIS (A TRAVES DEL ANALISIS DEL TEXTO, Y DEL CONTEXTO HISTORICO):

Una de las cosas en las que se basan es el uso de términos como Logos, y sugieren que Juan era un helenista interesado en transmitir el cristianismo a otros helenistas. Esta posición ha tenido bastantes seguidores, pero aún así, no acaba de coincidir con todos los hechos y datos disponibles, porque cada vez está más claro que este evangelio, se interprete como se interprete, es un producto de mentalidad judía, y no de mentalidad helenista.

H.G.G. Herklots comenta algo muy importante cuando al final de su estudio sobre Juan escribe: «El mundo griego quería a un Jesús hecho a su medida, es decir, tan solo un ser espiritual, pero no a alguien que había tomado forma humana. Hasta que no le levantaron de la Tierra, en la angustia extrema de la crucifixión, no comenzó el proceso en el que la Historia encuentra su significado y consumación: hacer que todos los hombres se acerquen a Él» (A Fresh Approach to the New Testament [Londres, 1950], p. 121). Este evangelio usa términos inteligibles en el mundo heleno, PERO CON EL OBJETIVO DE IMPLANTAR IDEAS Y CONCEPTOS NO HELENOS.

Algunos escritores han dicho que originalmente fue escrito en arameo. Pero la mayoría de los eruditos creen que esta afirmación es demasiado extrema, aunque reconocen que hay muchos elementos lingüísticos, conceptos y pensamientos arameos en nuestro evangelio. No podemos estar de acuerdo, pues, con la opinión de que el Evangelio es el manifiesto de un cristianismo helenista.

Para acabar, cabe destacar que Juan expresó explícitamente el motivo que le llevó a escribir el Evangelio: «Éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre» (20:31). No podemos ignorar esta declaración.

Juan expresa claramente que su objetivo es presentar a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios. Y lo hace, no para dar a sus lectores una nueva e interesante información, sino para que den un paso de fe, que crean, y comiencen una nueva vida en Cristo.

Y no solo nos lo dice de una forma explícita, sino que además, si hacemos un estudio del Evangelio, veremos que es verdad, que ciertamente hace lo que expresa en 20:31. Una y otra vez presenta evidencias de que Jesús verdaderamente es el Cristo. Cierto es que no hace un uso tan extenso del término en sí como nosotros hubiéramos esperado. Pero la idea está presente de forma constante. Además, Juan deja claro que el mensaje de Jesús es un desafío. 

La gente se divide, tiene que tomar partido: o se compromete con Cristo, por medio de la fe, para ganar así la vida, o rechazan el entregarse a Jesús y se quedan en la oscuridad y la perdición. Parece que no hay ninguna razón para rechazar o ignorar la declaración que el mismo Juan hace. En 20:31 resume el propósito del Evangelio, y al leerlo, vemos que cumplió su objetivo.

C.H. Dodd dice que, aparte de las consideraciones gramaticales, en el Evangelio se evidencia que su autor «tiene en mente, sobre todo, no tanto a cristianos que necesitan una teología más profunda, sino a no cristianos que están interesados en la vida eterna y en cómo obtenerla, y que quizá seguirán el camino cristiano si se les explica de una forma inteligible y relacionándolo de una forma relevante con su experiencia e intereses religiosos previos»

C.F.D. Moule: «Este evangelio, a diferencia de los otros, da respuesta a la pregunta: ¿Qué tengo que hacer para ser salvo?». Los otros simplemente hablan del discipulado; pero el Cuarto Evangelio no solo habla de seguir e imitar, sino de creer e incorporarse al seguimiento» (The Birth of the New Testament, p. 94). Continúa diciendo: «Lo que muchas veces se pasa por alto es que además contesta a la pregunta: ¿Qué tengo que hacer YO...? se trata de un mensaje muy personal (...) San Juan ve a Jesús como la fuente de vida, conectarse con aquel que es, para toda persona, la vida eterna».

DEFENSA DE W.HENDRIKSEN (A TRAVEZ DE LA AUTORIA):

El Evangelio según Juan es el libro más extraordinario que jamás se haya escrito. “Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo”. Bien pudiera ser ésta la actitud de cualquiera que pisa el umbral de estudio de este libro; porque si su testimonio es verdadero, entonces la fe en Jesucristo como el Hijo de Dios ha recibido una confirmación gloriosa.

Pronto se verá la razón de esta afirmación. El libro nos dice que, evidentemente en los días del emperador Tiberio y del tetrarca Herodes Antipas, vivía en Palestina un judío (4:19), llamado Jesús, que afirmaba que era el dueño legítimo de todas las cosas, el Pan de Vida, el Agua Viva, el Buen Pastor que daría su vida por sus ovejas, aquel que resucitaría a los muertos en el último día, el Mesías mismo, el Camino a Dios, el objeto legítimo de la fe y la adoración, una persona tan completamente divina en todos los sentidos, que podía decir: “Yo y el Padre una cosa somos”. Esto es, en verdad, asombroso. Pero más maravilloso aun es esto: ¡el escritor del libro acepta estas afirmaciones como verdaderas! Al “Jesús de la historia” le atribuye los títulos más exaltados. Lo llama el Verbo (Logos) de Dios, y nos dice que este Verbo había estado “con Dios” desde la eternidad, habitando en la presencia inmediata del Padre.

Osadamente el escritor incluso le llama Dios, ¡Y esto en el primer versículo! Para el escritor, Jesús no es en nada menos de lo que dice ser. El Dios hecho carne (1:1, 14). ¿Quién es este escritor que acepta tales afirmaciones y hace tan extraordinarias declaraciones? ¿Es acaso un extranjero que vive en un país alejado del escenario que describe, de forma que la distancia le ha dado cierto encanto a su relato? ¿O tal vez escribe mucho tiempo después de los sucesos, y por ello el “héroe” de la historia se ha transformado gradualmente en un obrador de milagros, y, luego, en rigurosa obediencia a las leyes de la leyenda y del folklore, ha llegado a la larga a ser un dios? ¡Todo lo contrario! El escritor del cuarto Evangelio aparece como alguien que pertenece a la misma raza, tronco y familia que su “héroe”. Se presenta como contemporáneo y testigo ocular (21:24; cf. 1 Jn. 1:1–4). No sólo pertenece al amplio círculo de los seguidores del Maestro, sino que según la tradición es también uno de los doce, y dentro de ese grupo de doce es uno de los [p 4] tres (Mr. 5:37; 9:2; 14:33).

Pero aun en el caso de que alguien pusiera reparos a estas citas de los Sinópticos y quisiera limitarse tan sólo al cuarto Evangelio, tendría que admitir que en él se considera al escritor como uno de los dos primeros discípulos (1:35, 40). Esta es la conclusión lógica a que se llega, a menos que se adopte la improbable opinión de que el discípulo sin nombre en 21:24 es alguien distinto del discípulo anónimo en 1:35, 40. Y, de estos dos, él es el que se describe a sí mismo como el discípulo “al cual Jesús amaba” (13:23).

Nadie conoció a Jesús mejor que él. Anduvo con él día tras día y, por tanto, tuvo sobradas oportunidades para observar las faltas de su carácter y los defectos de su personalidad, si los hubiera habido. En la noche más sagrada de todas, la noche de la Cena, se reclinó en su pecho. Permaneció junto a su cruz. Llegó, incluso, a entrar en el sepulcro (13:25; 19:26; 20:8). Y, con todo, es este mismo discípulo el que, como escritor del cuarto Evangelio, no se retrae de proclamar abiertamente a todos que este Jesús de la historia a quien él conoció tan bien, ¡es Dios mismo! Y no sólo esto, sino que ya en el primer capítulo nos presenta a otros testigos oculares. Nos dice que aquellos hombres quedaron tan profundamente impresionados en su primer encuentro con Jesús que dieron expresión a sus pensamientos y emociones de la siguiente manera:

Andrés: “Hemos hallado al Mesías”.
Felipe: “Hemos hallado a aquel de quien escribieron tanto Moisés en la ley como también los profetas”.
Natanael: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (1:41, 45, 49).

A esto podemos añadir el testimonio de Juan el Bautista que también queda registrado en el primer capítulo: “No soy digno de desatar la correa de las sandalias.… He aquí, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.… He dado testimonio que éste es el Hijo de Dios” (1:27, 29, 34). Los que se oponen al punto de vista tradicional no pueden permitir que este testimonio se mantenga incólume. Se dan perfecta cuenta de que si no lo desacreditan no han perdido no sólo una batalla sino toda la guerra.

MI DEFENSA (EDWING PIÑANGO) ME APOYO EN QUE LA DEIDAD DE CRISTO ESTA IMPLICITA EN LOS OTROS EVANGELIOS.

La afirmación de Jesús de ser Dios.

Además del reclamo de Jesús sobre sí mismo, sus discípulos también reconocieron su reclamo de deidad. Esto lo manifestaron de muchas maneras, incluyendo lo siguiente: Los discípulos atribuyeron los títulos de la Deidad a Cristo. De acuerdo con su Maestro, los apóstoles de Jesús lo llamaron "el primero y el último" (Ap. 1:17; 2: 8; 22:13), "la luz verdadera" (Juan 1: 9), su "roca" o “Piedra” (1 Cor. 10: 4; 1 Pedro 2: 6–8; cf. Sal. 18: 2; 95: 1), el “novio” (Ef. 5: 28–33; Rev. 21: 2), “el pastor principal” (1 Pedro 5: 4) y “el gran pastor” (Heb. 13:20).

El papel de "redentor" en el Antiguo Testamento (Salmo 130: 7; Oseas 13:14) se le da a Jesús en el Nuevo Testamento (Tito 2:13; Apoc. 5: 9). Se lo ve como el perdonador de pecados (Hechos 5:31; Col. 3:13; cf. Sal. 130: 4; Jer. 31:34) y "salvador del mundo" (Juan 4:42; cf. Isa. 43: 3).

Los apóstoles también enseñaron de él: "Cristo Jesús, que juzgará a los vivos ya los muertos" (2 Tim. 4: 1).

Todos estos títulos son exclusivos de Jehová en el Antiguo Testamento, pero se le dan a Jesús en el Nuevo.

Los discípulos consideraban a Jesús el Mesías-Dios. El Nuevo Testamento comienza con un pasaje que concluye que Jesús es Emanuel (Dios con nosotros), que se refiere a la predicción mesiánica de Isaías 7:14.

El título mismo de "Cristo" tiene el mismo significado que la denominación hebrea Mesías ("ungido").

En Zacarías 12:10, Jehová dice: "Me mirarán, al que traspasaron". Pero los escritores del Nuevo Testamento aplican este pasaje a la crucifixión de Jesús (Juan 19:37; Apocalipsis 1: 7). Pablo interpreta a Isaías 45: 22–23 ("Porque yo soy Dios, y no hay otro... Delante de mí toda rodilla se doblará; por mí cada lengua jurará") como aplicando a Jesús: "En el nombre de Jesús Cada rodilla debe doblarse. . . y toda lengua confiesa que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios el Padre ”(Fil. 2: 10–11).

Pablo dice que todos los seres creados llamarán a Jesús tanto Mesías (Cristo) como Yahvé (Señor).

Los discípulos atribuyeron los poderes de Dios a Jesús.

Las obras y la autoridad que son solo de Dios son atribuidas a Jesús por sus discípulos. Se dice que resucita a los muertos (Juan 5:21; 11: 38–44) y que perdona los pecados (Hechos 5:31; 13:38). Se dice que fue el principal agente para crear (Juan 1: 2; Col. 1:16) y mantener (Col. 1:17) el universo.

Los discípulos asociaron el nombre de Jesús con el de Dios. Sus seguidores usaron el nombre de Jesús como el agente para responder y el destinatario de la oración (Hechos 7:59; 1 Cor. 5: 4).

A menudo en oraciones o bendiciones, Jesús el nombre se usa junto con el de Dios, como en "Gracia y paz para con ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesús Cristo ”(Gálatas 1: 3; Ef. 1: 2). El nombre de Jesús aparece con el mismo estatus que el de Dios en las llamadas fórmulas trinitarias: Jesús mandó bautizar "en el nombre [singular] del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19). Esta asociación se realiza al final de 2 Corintios (13:14): "Que la gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo estén con ustedes todos".

Los discípulos llamaron a Jesús Dios. Tomás vio las heridas de Jesús y gritó: "¡Mi Señor y mi Dios!" (Juan 20:28). Pablo llama a Jesús aquel en quien "toda la plenitud de la Deidad vive en forma corporal" (Col. 2: 9).

En Tito, Jesús es "nuestro gran Dios y Salvador" (2:13), y el escritor de los Hebreos dice de él: "Tu trono, oh Dios, durará por los siglos de los siglos" (Heb. 1: 8). Pablo dice que antes de que Cristo existiera en la forma del hombre, lo que claramente se refiere a ser realmente humano, existió en la "forma de Dios" (Fil. 2: 5–8).

Las frases paralelas sugieren que si Jesús era completamente humano, entonces también era completamente Dios. Una frase similar, "la imagen de Dios", se refiere en Colosenses 1:15 a la manifestación de Dios. Esta descripción se fortalece en hebreos donde dice: "El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios y la representación exacta de su ser, sustentando todas las cosas con su poderosa palabra" (1: 3).

El prólogo del Evangelio de Juan dice categóricamente: "Al principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra [Jesús] era Dios " (Juan 1: 1).

Los discípulos consideraban a Jesús superior a los ángeles. Los discípulos no creían simplemente que Cristo era más que un hombre; creían que era más grande que cualquier ser creado, incluidos los ángeles. Pablo dice que Jesús está "muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y cada título que se le puede dar, no solo en la era actual sino también en el que está por venir" (Ef. 1:21). Los demonios se sometieron a su mando (Mateo 8:32). Los ángeles que rechazaron la adoración de los humanos son vistos adorándole (Rev.22: 8–9).

El autor de Hebreos presenta un argumento completo a favor de la superioridad de Cristo sobre los ángeles, diciendo: “¿A cuál de los ángeles dijo Dios alguna vez: 'Tú eres mi Hijo; hoy me he convertido en tu padre '? . . . Y nuevamente, cuando Dios trae a su primogénito al mundo, dice: 'Que todos los ángeles de Dios lo adoren' ”(Heb. 1: 5–6).

Por lo tanto no hay ninguna intención del autor en el evangelio de querer introducir, o agregar filosofías griegas o creencias griegas paganas, ya que si es acusado Juan de querer pasar a Jesús por Dios, tendrán que acusar también los otros evangelios, a Pablo, y al ¡Antiguo Testamento!.

ENCICLOPEDIA BAKER DE APOLOGETICA ARGUMENTA:

El Evangelio de Juan es un vínculo importante en el argumento a favor de la deidad de Cristo y la verdad del cristianismo. Conceder la verdad es conocible ( ver Verdad, Naturaleza de) el argumento general puede enunciarse ( ver Apologética, Argumento general):

1. El Dios teísta existe.
2. En un universo teísta, los milagros son posibles ( ver Milagro).
3. Los milagros en relación con las afirmaciones de la verdad son actos de Dios que confirman la verdad de Dios reclamada por un mensajero de Dios ( ver Milagros, valor de disculpa de).
4. Los documentos del Nuevo Testamento son históricamente confiables.
5. En el Nuevo Testamento, Jesús afirmó ser Dios.
6. Jesús demostró ser Dios por una convergencia de milagros sin precedentes.
7. Por lo tanto, Jesús era Dios en carne humana.

El Evangelio de Juan habla de la quinta premisa, registrando las afirmaciones explícitas de Jesús de deidad: el Padre no juzga a nadie, pero ha confiado un juicio al Hijo, para que todos puedan honrar al Hijo tal como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió. [5: 22-23] Te digo la verdad. . . ¡Antes de que Abraham naciera, yo soy! [8:58]

Yo y el Padre somos uno. [10:30]

Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo comenzara. [17: 5]

Otros reclamos a los reclamos de la deidad de Cristo no se registran en los Sinópticos como lo están en Juan (por ejemplo, 9: 35-38; 13; 13-15 y 18: 6).

Las declaraciones claras de un apóstol testigo ocular sobre la deidad de Cristo provienen de Juan:

Al principio era la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. [JUAN 1: 1]
Nadie ha visto a Dios, pero Dios el Único, que está al lado del Padre, lo ha dado a conocer. [JUAN 1:18] Isaías dijo esto porque vio la gloria de Jesús y habló de él. [JUAN 12: 39-41]
"Mi Señor y mi Dios". [La confesión de Tomás al Cristo resucitado, JUAN 20:28]

Debido a que estas declaraciones no tienen paralelos en los otros Evangelios, los críticos negativos han desestimado su autenticidad. Los apologistas con frecuencia evitan el problema al apegarse a las afirmaciones de Jesús de deidad en los Sinópticos (por ejemplo, Mateo 16: 16-17; Marcos 2: 5-10; 14: 61-65) y los casos en los que aceptaba la adoración (por ejemplo , Mateo 28: 9; Marcos 5: 6; 15:19).

Sin embargo, no podemos permitirnos pasar por alto a John por completo. Si, como afirman algunos críticos, John creó estos dichos o no los informa con precisión, los relatos del Evangelio se ven socavados, así como las ricas enseñanzas teológicas que se encuentran en Juan.

OTRAS DEFENSAS CONTRA EL EVANGELIO DE JUAN:

Argumentos contra la historicidad. Se utilizan varios argumentos contra la autenticidad del registro de John:
John fue escrito en el siglo II, por lo que un testigo ocular no podría haberlo compuesto.

Afortunadamente, el escritor puso declaraciones que atribuyen la deidad en la boca de Jesús y sus discípulos.

Si John hubiera sido escrito durante el siglo II, eso en sí mismo no lo haría poco confiable. No es raro que otros registros de la antigüedad, que los críticos aceptan, se escriban siglos después de los eventos de los que hablan. La primera vida de Alejandro Magno fue escrita 200 años después, pero los historiadores la utilizan como una fuente confiable de información. Pero no hay evidencia de que John haya sido escrito tan tarde. Ninguna evidencia testimonial o documental contradice las afirmaciones explícitas de ser un testigo ocular de lo que Jesús dijo e hizo. John registra: “Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las escribió. Sabemos que su testimonio es verdadero ”(Juan 21:24). En contexto, la declaración identifica claramente al autor como el apóstol Juan. No hay evidencia de lo contrario, por lo que el El caso prima facie para un Evangelio auténtico es fuerte.

Ese caso se ve reforzado por la frescura y la viveza del libro, que falta en los relatos antiguos de muchos años después de los eventos que relatan. La explicación de fondo, los detalles personales y la conversación privada relacionada cuidadosamente (por ejemplo, Juan 3, 4, 8-10, 13-17) traicionan el trabajo de un testigo ocular (véase Juan 2: 6; 4: 6; 6:10; 12 : 3, 5). Por ejemplo, Juan (5: 2) menciona cinco columnatas en el estanque de Bethesda. Las excavaciones entre 1914 y 1938 descubrieron este grupo y lo encontraron tal como lo describió John. Como ese grupo no existía en el siglo II, es poco probable que un fraude del siglo II hubiera tenido acceso a tales detalles sobre personas, lugares, geografía y topografía.

Otra acusación de los críticos es que John es demasiado diferente, tanto en eventos como en lenguaje, para cubrir al mismo hombre y eventos que los Evangelios Sinópticos. Los problemas de idioma se discutirán a continuación. Que los eventos difieran demuestra demasiado. Si John fuera escrito hasta un siglo después de los Sinópticos para promover una agenda teológica, la tendencia sería referirse a algunos de los mismos sucesos, simplemente llenándolos con un nuevo significado. Esto no pasa. Sin embargo, hay una superposición en los puntos obvios (la crucifixión y la resurrección) y en otros eventos de piedra de toque: Jesús caminando sobre el agua, alimentando a los 5000, su entrada triunfal a Jerusalén, y particularmente la última cena. No hay diferencia sustancial entre estas cuentas.

La hipótesis del siglo II recibió un golpe fatal con el descubrimiento en Egipto del "fragmento de John Rylands" del Evangelio, que puede fecharse ya en 114. John fue escrito en Asia Menor.

Si circulaban copias en una pequeña ciudad al otro lado del Mediterráneo hacia 114, el original era ciertamente una obra del primer siglo.

La tradición ha colocado a John como el último de los Evangelios en escribirse, en algún momento durante los años 90.

Sin embargo, investigaciones recientes sobre los Rollos del Mar Muerto han provocado que algunos eruditos salgan con John antes de los 70, debido a su afinidad con Qumran (Guthrie, 261–62). La evidencia particularmente notada es la simplicidad del lenguaje y el motivo de luz-oscuridad tan común en el pensamiento de Qumran (Juan 1: 4–9; cf. 8:12). Incluso los eruditos liberales, como John AT Robinson, salieron con John tan pronto como 40-65 (Robinson, 352). Esto lo ubicaría dentro de una década de los eventos reales. Esto puede ser un poco temprano, pero refleja lo que se ha aprendido sobre el conocimiento de primera mano del autor sobre los eventos relatados.

El origen del primer siglo de John, mientras los testigos oculares todavía estaban vivos, parece más allá de una seria disputa.

Esto sugiere fuertemente la historicidad de John.

Juan no usa parábolas. El Evangelio de Juan es distintivo porque no contiene ninguna de las parábolas tan características de los Evangelios Sinópticos. Algunos críticos lo toman como evidencia de que John es un relato menos confiable. Pero dadas otras similitudes sobre los eventos esenciales y la enseñanza, es difícil ver cómo la ausencia de parábolas demuestra que el informe de John no es confiable. No obstante, se pueden hacer cuatro puntos:

1: Este es un argumento del silencio. El silencio en este punto no prueba nada lógicamente, excepto que John eligió limitar su escritura a otros asuntos. Pudo haberlo hecho deliberadamente, particularmente si fue el último Evangelio que se escribió. No hay ninguna razón por la cual John deba repetir material ya disponible.

Con otros tres Evangelios en circulación durante veinte o treinta años, el propósito de Juan pudo haber sido en gran medida complementario. Fue selectivo y señaló que sucedió mucho más de lo que podría contarse (20: 30–31; 21: 24-25).

2: Jesús usa el discurso parabólico en Juan. Craig Blomberg observa que, aunque John no contiene parábolas narrativas, el libro presenta a Jesús como aficionado a las metáforas y al lenguaje figurativo o proverbial (Blomberg, 158). Jesús se identifica a sí mismo como el buen pastor que busca rescatar a las ovejas errantes ( 10: 1–16; cf., Matt. 18: 12-14; Lucas 15: 3–7). Discipulado significa servidumbre (13: 4–5, 12–17; cf. Lucas 22: 24–27). Juan introduce sembrar versus cosechar (4:37); el hijo aprendiz (5: 19–20 a); esclavitud versus filiación (8:35); trabajando y caminando a la luz del día (9: 4; 11: 9-10); el ladrón, el guardián y el redil (10: 1–3a); el crecimiento de un grano de trigo (12:24); la vid y el viñador (15: 1–6); y el dolor de una mujer en el parto (16:21; Blomberg, 158). En lugar de mostrar que el informe de Juan no es auténtico, esa expresión parabólica conecta al Jesús en Juan con el Jesús de los Sinópticos.

3: El libro cubre diferentes tiempos y lugares. Juan relata conversaciones más privadas, mientras que Jesús habló en parábolas a la multitud incrédula (Mateo 13: 13-15). Los eventos registrados no se encuentran en los Sinópticos. Juan trata con los ministerios de Cristo tempranos y tardíos, mientras que los sinópticos tratan principalmente con los ministerios medio y galileo. Es comprensible que Jesús dijo las cosas de manera un poco diferente en diferentes momentos y lugares, como lo hace cualquier buen predicador itinerante.

4: John estaba llegando a una nueva audiencia. La ausencia de parábolas narrativas sugiere que la audiencia de este predicador no es lingüísticamente semítica. John usa términos con un atractivo religioso casi universal para minimizar las barreras de comunicación (Carson, 46). Esto encaja con una fecha posterior a los 70, cuando los romanos conquistaron Jerusalén y el Evangelio estaba llegando a una audiencia más diversa y no judía.

Los dichos de Jesús son un estilo diferente. Se supone que cualquier diferencia en el estilo prueba que Juan crea en lugar de informar las palabras de Jesús. Lógicamente esto no sigue. Hay al menos otras tres posibles explicaciones para las diferencias:

(1) Los sinópticos pueden ser más precisos que John.

(2) John puede ser más preciso que los sinópticos.

(3) Ambos pueden estar informando con precisión eventos en gran medida diferentes, y algunos de los mismos eventos de diferentes maneras. La evidencia apoya la última alternativa.

Los dichos son en gran medida los mismos. Si Juan llega tarde e inexacto, ¿por qué a veces informa las declaraciones de Jesús en las mismas palabras que los sinópticos? Juan y Marcos informan que Jesús le dijo al paralítico: "Toma tu cama y camina" (Marcos 2:11; Juan 5: 8). Las palabras de Jesús a los discípulos que lo vieron caminando sobre el agua son: "Soy yo. No temas" (Marcos 6:50; Juan 6:20). Cuando Jesús se apareció a los discípulos, dijo: "¡La paz sea con ustedes!" (Lucas 24:36; Juan 20:19).

Sin embargo, no es necesario que los informes confiables utilicen las palabras exactas, siempre que se transmita el mismo significado. En numerosos puntos, la sustancia de lo que Jesús dijo es la misma en Juan y en el paralelismo sinóptico. Al alimentar a los cinco mil, Jesús dijo: "Haz que la gente se siente (cf. Juan 6:10) y Marcos dice que Jesús les ordenó que" los hicieran sentarse "(6:39). En Juan, Jesús defendió a la mujer que lo ungió con “Déjala en paz; ella ha guardado esto para el día de mi entierro "( 12: 7). Mark registra: "Ella ha venido de antemano para ungir mi cuerpo para su entierro" (14: 8).

De Judas, la traición: Jesús dijo en Juan: "Te digo la verdad, uno de ustedes me va a traicionar" (13:21). Mark registra: "Te digo la verdad, uno de ustedes me traicionará, uno que está comiendo conmigo" (14:18). En Juan 13:38 Jesús le dijo a Pedro: “¿Realmente das tu vida por mí? ¡Te digo la verdad, antes de que cante el gallo, me repudiarás tres veces! Lucas lee: "Te digo, Peter, antes de que el gallo cante hoy, negarás tres veces que me conoces" (Lucas 22:34). Aquí John está de acuerdo con un sinóptico y Mark se desvía, mencionando dos, en lugar de tres, cantos (Marcos 14:30). En Juan 18:11 Jesús le dijo a Pedro: "¡Guarda tu espada!" Mateo 26:52 dice: "Vuelve a colocar tu espada en su lugar".

Juan registra enseñanzas específicas que se parecen mucho a los Evangelios sinópticos: Jesús es el "Hijo del hombre" (1:51; 5:27; 8:28; cf. Mateo 9: 6; 16:13; 20:18; Marcos 2 : 10; 8:31; 10:45; Lucas 12:40; 19:10; 24: 7, en todos los 80 casos).

Jesús enseñó con autoridad (2:18; 5:27; 10:18; cf. Mateo 7:29; 9: 6; 28:18; Marcos 1:22, 27; Lucas 4:32, 5:24).

Uno debe nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios (3: 3; cf. Marcos 10:15).

Una cosecha abundante espera a los trabajadores (4:35; cf. Mateo 9: 37-38).

Un profeta no tiene honor en su tierra natal (4:44; cf. Marcos 6: 4).

Jesús corrigió la tradición judía, especialmente sobre el sábado (5: 9b – 16; 7: 22–23; cf. Mat. 12: 1–13; Marcos 2: 23–3: 5; Lucas 13: 10-17).

Los incrédulos serán juzgados según sus obras (5:29; cf. Mateo 25:46).

Jesús tiene una filiación única con Dios, incluido el derecho a llamar a Dios Abba, Padre (5:37; 17:11; cf. Mate. 3:17; 18:10; Marcos 14:36; Lucas 3:22; 9:35; 23:46).

Jesús es la luz del mundo (8:12; cf. Mt. 5:14).

Jesús enseñó, en parte, a endurecer los corazones de los que se oponen a él (9:39; cf. 12: 39–40; Marcos 4:12; 8:17).

El buen pastor rescata a su rebaño (10: 1–16; cf. Mateo 18: 12–14; Lucas 15: 3–7).

El Padre revela al Hijo; nadie conoce al Padre sino el Hijo (10: 14-15; 13: 3; 17: 2, 25; cf.
Mate. 11: 25-27).

Jesús fue tentado a abandonar el camino de la cruz (12:27; cf. Marcos 14: 35–36).

Recibir a Jesús significa recibir al Padre (12: 44–45; cf. Mateo 10:40; Marcos 9:37; Lucas 10:16 )

El verdadero discipulado significa servidumbre (13: 4–5, 12–17; cf. Lucas 22: 24–27).

El discípulo no es mayor que su maestro (13:16; cf. Mateo 10:24; Lucas 6:40).

El Espíritu Santo dará a los discípulos su mensaje a las autoridades (14:26; 15:26; cf. Mat. 10: 19-20; Marcos 13:11).
Los discípulos serán expulsados de las sinagogas (16: 1–4; cf. Mateo 10: 17–18; Marcos 13: 9).

Los discípulos serán esparcidos por el mundo (16:32; cf. Marcos 14:27).

Los cristianos tienen autoridad para retener o perdonar pecados (20:23; cf. Mat. 18:18; Blomberg, 157–58).

Los pasajes tipo "Johannine" están en los sinópticos. Mateo 11: 25–27 registra un típico Pasaje tipo "juanino" que presenta a Jesús usando el mismo discurso directo y no parabólico que Juan le atribuye. De hecho, parece tan juanino que, a menos que uno sepa que proviene de Matthew, se supondrá que proviene de John. Lucas 10: 21–22 también está en el estilo juanino.

Por lo tanto, el llamado estilo "juanino" de los dichos de Jesús no es exclusivo del Evangelio de Juan. Más bien, podría representar un modo real de hablar que Jesús usó a menudo.

Los "Yo Soy" dichos de Jesús son diferentes a lo que Jesús dijo en los sinópticos. Desde los siete "yo Soy(4:26; 6:35; 8:12, 58; 10: 9, 11; 11:25; 14: 6) son exclusivas de Juan, algunos afirman que es poco probable que Jesús las haya dicho, al menos en eso formar.

En realidad, la espada de este argumento corta en ambos sentidos. Uno podría argumentar igualmente que no se puede confiar en los dichos sinópticos porque difieren de las declaraciones de Johannine. Pero no es exacto decir que los sinópticos no tienen declaraciones de Jesús usando esta identificación implícita con JHWH del Antiguo Testamento. “Yo soy él” (Gk: ego eimi ) se basa en la proclamación del Antiguo Testamento de que Dios es Dios (cf. Deut. 5: 6; 32:39; Sal. 46:11; Isa. 40–45, passim) .

En Mateo 11: 25–27 y Lucas 10: 21–22 los sinópticos usan un estilo de expresión similar. Lo más explícito es la declaración de Jesús al sumo sacerdote en Marcos 14:62, " Yo soy [el Cristo]". En una demostración de poder acercándose a una epifanía, Jesús les dijo a los discípulos: "¡Ánimo! estoyél. No tengas miedo ”(Marcos 6:50, énfasis agregado).

Además, ¿dónde obtendrían John u otros autores esta forma notable? Los antiguos escritores apócrifos trataron de hacer que su estilo se ajustara a un formato que fuera aceptado como genuino. Ningún otro líder religioso conocido del primer siglo usó declaraciones como estas. El paralelismo no bíblico más cercano proviene del documento judío Qumran Damasco . Dice: "¿Buscas al Dios de los dioses? Yo soy Él ", seguido en el próximo capítulo por" Yo soy Él, no temas, porque yo soy antes de que los días fueran "(citado en Stauffer, 179; observe cómo Dios hace declaraciones similares en Sal. 46: 2 e Isa. 43 : 1).

El contenido de las declaraciones de "Yo soy" de John está implícito en los Sinópticos. Craig Blomberg ha notado que los cuatro Evangelios representan a un hombre cuyas palabras durarían para siempre, que perdonó los pecados, que relacionó el destino de la humanidad consigo mismo, que exigió lealtad absoluta, que ofreció descanso para los cansados y salvación para los perdidos, que prometió estar con sus seguidores siempre, y que garantizaban que Dios respondería oraciones en su nombre (166). El uso de la forma por parte de Jesús tanto en los Sinópticos como en Juan revela su autodeclaración a la deidad. Como Stauffer argumentó, "'Yo soy Él' - significaba: donde estoy, allí está Dios, allí Dios vive y habla" (Stauffer, 194–95).

Los argumentos a favor de la autenticidad general de John se aplican a las secciones "Yo soy". No hay buenas razones para sospechar que John y los Sinópticos no son auténticamente independientes. Estas secciones coinciden en todas las áreas principales de superposición, a menudo hasta los detalles. John también usa declaraciones en tercera persona como las más comunes en los sinópticos. En Juan 10: 1–7, obviamente, recurre a primera persona porque sus oyentes no entienden el significado de su ilustración en tercera persona.

“Te digo la verdad, el hombre que no entra en el corral de las ovejas por la puerta, sino que se sube de otra manera, es un ladrón y un ladrón. . . . " Jesús usó esta forma de hablar, pero no entendieron lo que les estaba diciendo. Por lo tanto, Jesús dijo nuevamente: "Te digo la verdad, yo soy la puerta para las ovejas". [Juan 10: 1, 6–7, énfasis del autor]

Jesús pudo haber usado el estilo más corto y simple citado por Juan en muchas ocasiones para enfatizar o cuando la audiencia no entendió.

Como Juan enfatiza el antagonismo de los líderes judíos hacia Jesús (ver Juan 5:16, 18; 7: 1; 10:31, etc.), es comprensible que las declaraciones de "Yo soy" ocurrieran en Juan.

No hay pruebas de que John haya creado los siete "I ams" o los siete "signos" (milagros) mediante los cuales John apoyó el tema de Jesús (cf. 20: 30–31). Ambos fueron elegidos para su inclusión en el Evangelio para hacer su punto. Sucede que no hay superposición de "dichos" en John con los de los sinópticos. ¿Por qué debería haberlo si está suplementando conscientemente a los sinópticos ya disponibles de la riqueza de material que "incluso el mundo mismo no podría contener" (Juan 21:25)?

Hay una superposición entre John y los sinópticos en algunos puntos, en particular los signos o milagros que Jesús realizó. Jesús caminando sobre el agua y alimentando a los cinco mil en Juan 6, y su resurrección en Juan 20 aparecen en los Sinópticos sin una variación significativa de los relatos de Juan. Si el libro no muestra adiciones o exageraciones auténticas al informar los signos de Jesús, no hay razón para dudar de los informes de Juan sobre lo que dijo Jesús.

Finalmente, fue Juan quien escribió que Jesús prometió la activación divina de los recuerdos de los apóstoles sobre "todo". . . [Jesús] dijo ”(Juan 14:26; 16:13). Si los recuerdos fueron activados sobrenaturalmente por el Espíritu Santo, no hay ningún problema real para entender cómo los escritores de los Evangelios podrían reproducir de cerca lo que Jesús dijo décadas después.

La brevedad de los dichos de Jesús muestra que son las palabras de Juan. Otra acusación con respecto al estilo del discurso de Jesús es que la brevedad muestra el trabajo de un escritor y un redactor. Esto pasa por alto que no todos los relatos de Juan de las palabras de Jesús son breves (ver Juan 3: 3–21; 5: 19–47; 6: 26–58; 10: 1–18). El discurso del "aposento alto" abarca tres capítulos (Juan 14–16), rivalizando con el Sermón del Monte de Mateo 5–7 de largo. Juan 17 relata la oración más larga de Jesús.
Por otro lado, los sinópticos registran breves declaraciones de Cristo. Mateo proporciona la médula "Da al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios" (22:21). Marcos registra: "Todo lo posible para el que cree" (9:23), y Lucas: "El hombre no vivirá solo de pan" (4: 4). Tenga en cuenta declaraciones como Lucas 18:27; 23:34, 43, 46.

¿Por qué la brevedad debería ser un signo de falta de autenticidad? Uno podría usar este argumento con la misma facilidad para concluir que Lincoln nunca dio el discurso de Gettysburg. Obviamente, hubo momentos en que Jesús habló expansivamente y momentos en que sus palabras fueron claras y concisas.

Juan muestra cuidadosa atención a la precisión en las palabras de Jesús. Él distingue lo que Jesús dijo (que los discípulos generalmente no entendían entonces) de lo que los discípulos luego entendieron lo que había querido decir. Jesús dijo: "Destruyan este templo, y lo levantaré nuevamente en tres días". John agrega: “Después de que resucitó de entre los muertos, sus discípulos recordaron lo que había dicho. Luego creyeron la Escritura y las palabras que Jesús había dicho ”(Juan 2:19, 22; cf. 20: 9). Lo que Jesús realmente le dijo a Juan se distingue de lo que los otros discípulos lo confundieron a decir (21: 22–23). Otros evangelios hacen la misma distinción (cf. Marcos 3:30). Entonces, la brevedad de las declaraciones registradas en Juan no es señal de que Jesús realmente no dijo estas cosas.

Las declaraciones " en verdad, en verdad" ("Amén, Amén") son exclusivas de John. Una vez más, los críticos suponen que el uso único de Juan de "Verily, verily" (kjv) en la boca de Jesús indica que Jesús realmente nunca usó esta forma de énfasis (Juan 1:51; 3: 3, 5, 11; 5 : 19, 24, 25; 6:26, 32, 47, 53; 8:34, 51, 58; 10: 1, 7; 12:24; 13:16, 20, 21, 38; 14:12; 16 : 20, 23; 21:18). Esta frase no se usa en los Sinópticos, pero "De cierto, de cierto te digo" (Juan 13:38) tiene paralelos en "De cierto te digo" ( Mate. 26:34 y Marcos 14:30). La duplicación puede indicar énfasis (ver Blomberg, 159). El niv "yo te digo la verdad "y el nkjv" con toda seguridad "captura la idea de énfasis en una sola frase.

No hay razón para suponer que Jesús no habló de esa manera en ocasiones. Los discursos de Jesús en Juan son generalmente en diferentes momentos (ministerio temprano y tardío) y en diferentes lugares (Judea, en lugar de Galilea), e incluso para diferentes personas (por ejemplo, la mujer samaritana no tendría las mismas falsas expectativas políticas del Mesías como lo hicieron los judíos: 4: 25–26 (véase Carson, 58). John da más conversaciones privadas que los sinópticos. John registra el discurso privado de Jesús a Nicodemo (cap. 3), a la mujer en el pozo (cap. 4), a la adúltera (cap. 8) y a los discípulos (cap. 13-16). Durante su ministerio, Jesús evitó hacer afirmaciones públicas explícitas de ser el Mesías. Sin embargo, no dudó en hacerlo en privado (4: 25–26) y ante el sumo sacerdote (Marcos 14: 61–65). Jesús usó el habla apropiada para la ocasión.

Algunos eruditos evangélicos sugieren que la duplicación de Juan en verdad (" amén ") fue por razones homiléticas. Detrás de este punto de vista está la afirmación de que el Evangelio de Juan fue compuesto como un sermón (cf. 20: 30–31). Por lo tanto, DA Carson argumenta (46). En consecuencia, Jesús pudo haber dicho realmente " amén ", pero Juan se duplicó como un recurso retórico. Si bien esto es posible, parece mejor concluir que cualquier duplicación resultó del deseo del escritor de expresarle a un lector un énfasis que solo un oyente podría haber detectado en el tono de la voz de Jesús cuando lo dijo. Mejor aún, no hay ninguna razón por la cual Jesús no podría haber dicho realmente " amén, amén " en estas ocasiones, tal como lo registra Juan. No hay pasajes paralelos en los Sinópticos que contradicen esto.

Hay diferencias de vocabulario en John. Unas 150 palabras de la boca de Jesús en Juan no se encuentran en los otros Evangelios (Carson, 45). Muchos de estos son tan generales que Jesús debería haberlos dicho como parte de su discurso normal, si los hubiera usado todos. Esto se ofrece como evidencia de que Juan creó, no informó, lo que Jesús dijo.

Tal argumento no toma en cuenta que cualquier buen comunicador usa palabras para adaptarse a la ocasión. Y como generalmente se reconoce que Jesús habló en arameo, la grabadora como traductor puede elegir una palabra diferente en griego. Todo esto plantea un punto que se aplica a varios argumentos sobre las citas de Jesús de los Evangelios. Un discurso o diálogo puede ser informado literalmente o en una versión condensada (Westcott, cxv – cxix). El estilo y el propósito de los informes pueden variar.

Carson señala: “En algún momento, puede ser importante capturar el sabor de un discurso al incluir una serie de frases y frases literales; por otro lado, puede ser mucho más estratégico concentrarse en el argumento esencial y resumirlo de manera justa, incluso si el lenguaje utilizado es bastante diferente del de la dirección original " (46)

Por lo tanto, muchos estudiosos conservadores están dispuestos a aceptar que no todas las declaraciones de Jesús pueden conservarse ipsissima verba (en las palabras exactas) sino solo ipsissima vox (con el mismo significado).

El tiempo y otros marcadores gramaticales también influyen en la selección de palabras, como señala Carson. Si el El "presente histórico" se usa con relativa frecuencia en la narrativa, pero con poca frecuencia en los discursos, se ha demostrado que el patrón no da soporte a las teorías de fuentes actuales que intentan asignar estas secciones a diferentes redactores (Carson, 45).

El argumento en contra de la autenticidad de estas declaraciones es una forma de la falacia petitio principii , es decir, plantear la pregunta. La única razón por la que hay un problema es porque estos diferentes modos de expresión que se encuentran en Juan no se tienen en cuenta para determinar qué constituye el estilo de Jesús.

Pero esto plantea la pregunta al suponer que las expresiones de Juan no son parte de la forma auténtica en que Jesús habló.

El registro y el orden de los eventos difieren. Otro argumento en contra de la fiabilidad de la cuenta de John es que el orden de los eventos es a veces diferente. La gran mayoría de Juan 1–17 y 21 no aparece en ninguno de los otros Evangelios, por lo que la secuencia relativa no es un problema.

Juan coloca la limpieza del templo temprano en el ministerio de Jesús (2: 13–22) pero se coloca tarde en los Sinópticos (cf. Marcos 11: 15–19). Jesús estaba cumpliendo la profecía cuando atacó la compra y venta en la corte de los gentiles. Estaba haciendo un punto vital acerca de extender el reino al mundo gentil. Entonces, es completamente posible que Jesús haya hecho esta lección objetiva dos veces, una cerca del comienzo de su trabajo, y después de llegar a la ciudad para su lucha final. Esto está respaldado por las diferencias en las cuentas. John no habla de la abierta hostilidad de los líderes del templo, como lo hace Mark, quien insinúa que esta limpieza final reforzó su intención de matarlo, "porque le temían, porque toda la multitud estaba asombrada de su enseñanza" (Marcos 11: 18) Este antagonismo de las autoridades caracterizó el posterior ministerio de Jesús.

Ninguno de los Evangelios dice estar escrito en secuencia cronológica. Mensaje tópico, en lugar de secuencia, ordena el texto. Dentro de una cronología general, si un pericopo del mismo evento se coloca en un lugar diferente, puede estar cumpliendo un propósito literario ligeramente diferente. Mateo y Lucas colocan el orden de los tres eventos de tentación en un orden diferente (cf. Mateo 4 y Lucas 4). El argumento de que la secuencia de John muestra que es un registro tardío y poco confiable no sigue. Podría ser material complementario o escrito con diferentes temas en mente. Independientemente de la secuencia, los eventos que John comparte con los Sinópticos muestran un acuerdo considerable en detalle como lo señala Blomberg (156–57): en ambos, Jesús da la vista a los ciegos, levanta a los muertos y cura a distancia del hijo de un funcionario ( Juan 4: 46b – 54; Lucas 7: 1–10 par.).

En ambos, Jesús desafía las interpretaciones tradicionales de la ley del sábado (Juan 9: 6–7; Marcos 8: 23–25).

Ambos dicen que Jesús se negó a hacer milagros simplemente para satisfacer a sus oponentes (Juan 6: 30–34; Marcos 8: 11–13 pares).

Ambos informan intentos de arrestar a Jesús que fracasó (Juan 8:59; 10:39; Lucas 4: 29-30).

Ambos describen su amistad con María y Marta (Juan 11:20; 12: 2–3; Lucas 10: 38–42).

En ambos, se le acusa de posesión demoníaca (Juan 10: 19–21; Marcos 3:22).

En ambos, Juan el Bautista es la voz que llora en el desierto de Isaías 40: 3 y el precursor del Mesías (Juan 1:23 / Marcos 1: 2-3 pars.).

El bautismo de Juan con agua se contrasta con el próximo bautismo del Mesías con el Espíritu (Juan 1: 26–27, 33 / Marcos 1: 7–7 par.).

El Espíritu unge a Jesús, como lo testificó el Bautista (Juan 1:32 / Marcos 1:10 párrs.).

Los cinco mil son alimentados (Juan 6: 1–15 / Marcos 6: 32–33 pars.).

Jesús camina sobre el agua (Juan 6: 16–21 / Marcos 6: 45–52).

Gerhard Maier enumera similitudes adicionales entre John y Matthew (citado en Blomberg, 159). Esto es particularmente interesante ya que los críticos generalmente ven a Matthew como el menos similar a John.

Ambos usan citas del Antiguo Testamento y anuncian su cumplimiento.

Ambos registran la frecuencia, el alcance, la ubicación y la naturaleza de instrucción de los sermones extendidos de Jesús.

Ambos comparten elaborados discursos de despedida (los discursos de la habitación superior y del olivo).

Ambos enfatizan la instrucción privada de los discípulos.

Ambos citan un propósito evangelístico, con el Evangelio ofrecido "primero al judío y luego a todos los gentiles".

Juan tiene una cristología tardía. Una razón a menudo declarada para rechazar la precisión de Juan al informar las palabras de Jesús es su supuesta cristología "tardía" y "altamente desarrollada", que enfatizó su plena deidad (por ejemplo, en Juan 1: 1; 8:58; 10:30; 20:29). Esta objeción se basa en una visión dialéctica injustificada del desarrollo doctrinal. Los críticos, siguiendo al FC Baur, leyeron una visión de desarrollo hegeliana ( véase Hegel, GW F.) en el registro del Evangelio (Corduan, 90-92). Comienzan con la opinión de que John debe haber llegado tarde, ya que sus opiniones eran una síntesis del conflicto anterior entre la tesis de Pedro y la antítesis de Pablo. Pero esta visión tesis-antítesis es en sí misma indefendible.

Marcos (sostenido por la mayoría de estos críticos como el primer Evangelio) tiene reclamos de deidad por y sobre Cristo. Por ejemplo, cuando Jesús afirmó que perdonaba los pecados, los fariseos vieron esto como un reclamo de deidad y respondieron: “¿Por qué este hombre habla así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios? (Marcos 2: 7). Y cuando se le preguntó a Jesús bajo juramento si él era el Mesías (a quien el Antiguo Testamento dijo que sería Dios: Salmo 45: 8; Isaías 9: 6; Zac. 12:10), Jesús respondió claramente: “Yo soy.

Y verás al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poderoso y que vendrá sobre las nubes del cielo ”(Marcos 14:62). La respuesta reconoce claramente su afirmación de ser Dios, y el Sanedrín lo usó para condenar a Jesús de "blasfemia" (vs. 64). Fuera de los Evangelios, la epístola romana de Pablo (ca. 56), que muchos creen que es anterior a los Evangelios, tiene una fuerte descripción de la deidad de Cristo, proclamándolo "Dios sobre todos" (Rom. 9: 5).

Muchas de las afirmaciones de deidad más fuertes de Jesús se producen en el contexto en el que la multitud lo enfrenta o desafía. Si bien esto se aplica tanto a Juan como a los Evangelios sinópticos (cf. Marcos 2: 7–10; 14: 61–62; Juan 10:24, 30–33), Juan enfatiza el antagonismo de “los judíos” (véase Juan 5: 16, 18; 7: 1; 10:31).

Es comprensible que preste especial atención a los claros reclamos de deidad.

El propósito principal de los sinópticos no era enfatizar la deidad de Cristo. El énfasis judío de Mateo estaba en el tan esperado Mesías. Marcos enfatizó a Jesús como un Siervo (Marcos 10:45). Lucas enfatizó la humanidad de Jesús. El propósito expreso de Juan era mostrar que Jesús era Dios encarnado (1: 1, 14; 20:31). No es sorprendente que haya más reclamos de deidad en su Evangelio. En el clímax de su Gospel John informa que Thomas declaró la deidad de Cristo, proclamándolo como "Mi Señor y Mi Dios" ( 20:28). Si esto no es exacto, entonces Juan está tergiversando el punto central de su libro, que Jesús ' los milagros llevaron a sus discípulos a reconocer su verdadera identidad como Dios (ver 20: 28–31).

CONCLUSION:

Conclusión. Los argumentos en contra de la autenticidad de los dichos de Jesús en el Evangelio de Juan parecen estar basados más en fundamentos filosóficos a priori que en evidencia histórica y textual real. Hay explicaciones razonables para las diferencias basadas en dónde, cuándo, a quién y bajo qué circunstancias habló Jesús. La mayoría de estos se explican por la premisa razonable de que Juan escribió un Evangelio posterior y conscientemente complementario. Deliberadamente evita repetir lo que los otros Evangelios han dicho a menos que sea realmente importante para el tema. Como se ve en las áreas de superposición, los paralelos de Juan a los Evangelios Sinópticos son sustanciales.

No hay evidencia real en ninguno de estos casos de que Juan esté creando, en lugar de informar, lo que Jesús dijo. Por el contrario, el relato de John es tan fresco, vívido, privado, detallado y personal que manifiesta un testigo íntimo y de primera mano por quien lo escribe. Hay razones para creer que Juan conservó las palabras originales de Jesús o el mismo significado , si no las palabras exactas.

Las razones para aceptar la autenticidad del Evangelio de Juan son tan buenas o mejores que las que apoyan a los sinópticos. Al puede ser aceptado en buena conciencia como histórico. Matthew y Mark son paralelos a Luke, y Luke analiza su propio método y precisión historiográficos ( ver Hechos, Historicidad de):

Muchos se han comprometido a elaborar un relato de las cosas que se han cumplido entre nosotros, tal como nos las transmitieron aquellos que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la palabra. Por lo tanto, como yo mismo he investigado cuidadosamente todo desde el principio, también me pareció bueno escribir una cuenta ordenada para ti, el más excelente Theophilus, para que puedas saber la certeza de las cosas que te han enseñado. [Lucas 1: 1–4]

Si Matthew y Mark cuentan sustancialmente la misma historia que Luke, entonces son tan históricamente confiables como Luke. Y si el material paralelo de John no se desvía en sustancia de los Sinópticos, la carga de la prueba recae en los críticos para mostrar razones sólidas por las cuales su testimonio no debe tomarse como históricamente confiable ( ver Nuevo Testamento, Historicidad de).

Las diferencias de John en el uso del lenguaje de los sinópticos pueden explicarse en gran medida por la ubicación (Judea), la fecha (ministerio temprano y tardío) y la naturaleza (muchas conversaciones privadas). Las afirmaciones de "Yo soy" pueden entenderse como declaraciones más cortas y simples que Jesús hizo a aquellos que al principio no lo entendieron.

De hecho, el hecho de que el relato de John es tan íntimo, fresco y detallado argumenta enérgicamente su autenticidad.

El vínculo de John en el argumento de disculpa es uno de los más fuertes de la cadena. De hecho, es el único Evangelio que dice haber sido escrito por un apóstol testigo presencial (Juan 21: 24-25). Carson concluye: "Es totalmente plausible que Jesús a veces hablara en nada menos que lo que pensamos como 'Johannine' estilo, y ese estilo de Juan fue influenciado hasta cierto punto por el mismo Jesús. Cuando todas las pruebas se toman juntas, no es difícil creer que cuando escuchamos la voz del Evangelista en su descripción de lo que dijo Jesús, estamos escuchando la voz del mismo Jesús ”(Carson, 48).

miércoles, 18 de noviembre de 2020

TIAL DE VIDA ETERNA

  

Estimado Amigo Ricardo:


Primeramente veamos el texto a comentar:


Jua 7:38  El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 


Jua 7:39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.


El contexto en el que se da la cita es Jesús hablando a las multitudes allí reunidas, al finalizar las fiestas de los tabernáculos, es bueno acotar el verso 37: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” ya que es AQUÍ donde tenemos la fuente principal: sigamos el ejemplo que nos da Jesús, Él es el manantial de donde fluye el agua de la vida, no hay otro manantial que pueda dar vida.


Él dice: “si alguno tuviere sed” y quien no ha tenido sed en este mundo? Y cuando se habla de sed, se habla de la búsqueda de la felicidad y del sentirse pleno, completo, satisfecho… el mundo puede dar trágicos ejemplos de lo que acarrea no beber del manantial verdadero, y en vez de ello beber del manantial ambición, del manantial riquezas y vanagloria, sexo, adicciones, etc… traen como resultados el suicidio, la tristeza, la depresión… allí está el mundo y millones se arrojan a su abismo…


Venga a mí y beba”: todos y cada uno de nosotros, creyentes verdaderos de nuestro amado salvador Jesús hemos degustado de esa agua… ¡y no nos hemos despegado de ella!


Escuchemos a Calvino cuando dice en su comentario: “Mediante esta cláusula exhorta a todos a participar de sus bendiciones, siempre que, por la convicción de su propia pobreza, deseen obtener ayuda. Porque es cierto que todos somos pobres y desprovistos de toda bendición, pero está lejos de ser cierto que todos se sientan impulsados por la convicción de su pobreza a buscar alivio. 


De ahí surge que muchas personas no mueven un pie, sino que miserablemente se marchitan y se pudren, e incluso hay muchísimos que no se ven afectados por la percepción de su vacuidad, hasta que el Espíritu de Dios, por su propio fuego, enciende el hambre y la sed en sus corazones. 


Pertenece al Espíritu, por tanto, hacernos desear su gracia. En cuanto al pasaje presente, debemos observar, primero, que nadie está llamado a obtener las riquezas del Espíritu sino aquellos que arden con el deseo de ellas. 


Porque sabemos que el dolor de la sed es sumamente agudo y atormentador, de modo que los hombres más fuertes y los que pueden soportar cualquier cantidad de trabajo se ven dominados por la sed. Y, sin embargo, invita a los sedientos más que a los hambrientos, para seguir la metáfora que luego emplea en la palabra agua y la palabra beber, para que todas las partes del discurso estén de acuerdo entre sí. Y no tengo ninguna duda de que él alude a ese pasaje en Isaías, Todos los que tienen sed, vienen a las aguas (Isaías 55: 1.) Porque lo que el Profeta allí atribuye a Dios debe haberse cumplido finalmente en Cristo”.
Con este comentario podemos avanzar al verso 38, donde siguiendo esta última parte del comentario de Calvino, tenemos conceptos semejantes que se encuentran en muchos textos sagrados. Sal_105:41, "Abrió la peña, y fluyeron aguas; corrieron por los sequedales como un río". Isa_55:1; Isa_58:11; Zac_13:1; Zac_14:8; Eze_47:1; Eze_47:12; Joe_3:18. (te aconsejo leer estos versos hermano).


Cuando creemos en él, y nos hacemos uno con El, habiendo bebido ya, como dije anteriormente, de su manantial, de su fuente, empezamos a convertirnos en un rio de agua viva, ahora, dicha agua procede de nosotros? NO, el procede de Jesús (es Jesús mismo), ya que esta agua la hemos tomado de su manantial.


Y que es el agua? 


En una ocasión, Jesús le dijo a una mujer samaritana que estaba junto a un pozo, cerca de Sicar, que el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. (Jn 4:7-15.)


El apóstol Juan registra su visión de “un nuevo cielo y una nueva tierra”, en la que vio fluir desde el trono de Dios un “río de agua de vida”. A ambos lados de este río había árboles que producían fruto, y sus hojas se utilizaban para la curación de las naciones. (Apoc 21:1; 22:1, 2.) Finalizada esta descripción, Jesús le explicó a Juan por qué le había dado la visión mediante el ángel. Entonces Juan oyó la proclamación: “Y el espíritu y la novia siguen diciendo: ‘¡Ven!’. Y cualquiera que oiga, diga: ‘¡Ven!’. Y cualquiera que tenga sed, venga; cualquiera que desee, tome gratis el agua de la vida”. 


Los siervos del señor extenderían esta invitación para que los sedientos empezasen a beber de la provisión divina a fin de conseguir vida eterna por medio del Cordero de Dios. (Jn 1:29.) Obtendrían lo que actualmente le hace falta a la humanidad: esta agua de vida. 


La invitación tiene que extenderse a todo el mundo, aunque no con fines lucrativos (ojo con la falsa teología de la prosperidad, Cash Luna y sus lobos), pues todo el que la desee puede tomar de ella gratis. (Apoc 22:17.)
Antes de su muerte y resurrección, cuando Jesús mencionó que sus seguidores iban a recibir Espíritu Santo a partir del Pentecostés del año 33 E.C., dijo que de sus partes más interiores fluirían “corrientes de agua viva”. (Jn 7:37-39.) 


En las Escrituras Griegas Cristianas se halla abundante prueba de la inmensa labor que realizaron los apóstoles y discípulos, impulsados por la fuerza del espíritu de Dios, al llevar las aguas dadoras de vida a otras personas, empezando en Jerusalén y llegando con el tiempo a todo el mundo conocido de aquel entonces… Sufrieron por ello? Desde luego que sí, crucificados, muertos a espada, quemados, devorados, pero fueron cantando salmos de alabanza, por tener el majestuoso privilegio de morir por la causa de su salvador Jesús. Y su convicción provenía de esta fuente, de este manantial ¡cómo poner en duda que de ellos fluían manantiales de vida, de evangelio, de Jesús!


En el verso 39 leemos: “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.


El Espíritu Santo se manifestó a los Apóstoles en ese día de pentecostés. A partir de allí, los creyentes verdaderos de Jesús, comenzaron a ver como de sí mismos fluían, corrientes de agua viva, corrientes llenas de Jesús, su palabra. Fluían de ellos, por lo tanto no podían contener esa bendición, tenían que dar la buena nueva, el evangelio de Jesucristo. 


Hoy en día ha disminuido esa fuente?  aquí estamos dos mil años después bebiendo de ella, y siendo nosotros mismos, ejemplos vivos del cumplimiento del verso de Juan 7:39.


Partain Reeves comenta: “no solamente recibimos grandes beneficios para nuestra propia alma, sino que también llegamos a ser fuente de vida o canal de bendición para apagar la sed de otros. Ríos de agua viva corren de las iglesias de Cristo cuando los miembros se exhortan unos a otros con himnos y cánticos espirituales, y cuando oran, enseñan y participan en los demás actos espirituales enseñados por el Espíritu Santo, y cuando llevan el evangelio a otros por medio de su buen ejemplo y la enseñanza de la sana doctrina. Que gran verdad! Hermano, la fuente es eterna, y aun veamos lo que veamos, (me refiero a cómo anda el mundo) soy positivo, y creo firmemente que Jesús anda triunfante.


Tal como lo dijo Paul Washer en la Conferencia G3 del 2020 “lo sé hermanos, lo sé, que si aún yo fuera despojado de la armadura de Saúl, y solo tuviera las piedras del evangelio en mi mano, con esas sería suficiente para evangelizar a todo el que Dios quiera sacar del pecado”.


Así de poderosa es esta fuente… así de poderoso es Jesús y su evangelio…
Jesús Habló siempre para que el mundo no se haga todo él idólatra. Y habló a los suyos, elegidos para que repitan sus palabras. 


El Espíritu de Dios habla, y todos los que le siguen comprenderán aquello que ni siquiera los sabios sabrán comprender. Porque los estudiosos estudiarán la palabra, la frase, el modo, el lugar, el cómo, el instrumento a través de los cuales la Palabra habla, mientras que los elegidos no se abstraerán en estos estudios inútiles; antes bien, escucharán embargados en el amor y comprenderán, porque será el Amor el que hable.


Distinguirán las adornadas páginas de los doctos o las engañosas de los falsos profetas, de los pastores de hipocresía, que enseñan doctrinas contrarias, o enseñan lo que ellos no practican, de las palabras sencillas, verdaderas, profundas que de Jesús y su evangelio vendrán. 


Pero el mundo nos odiará por esto, porque el mundo odia a la Luz y odia a los hijos de la Luz, el tenebroso mundo que desea las tinieblas propicias para pecar. Las ovejas conocen a Jesús y le conocerán y le seguirán siempre incluso por los ríos de sangre y dolor que Jesús ya recorrió a la cabeza y ellas recorrerán después de Él


Los ríos que llevan las almas a la Sabiduría, Los ríos hechos luminosos por la sangre y el llanto de los perseguidos por enseñar la justicia, la verdad, el evangelio de Jesucristo crucificado, ríos hechos luminosos para que resalten en la calígine de los humos del mundo y de Satanás, y sean como estelas de estrellas para guiar a quienes buscan el Camino, la Verdad, la Vida, y no hallan a nadie que hacia ellos los guíe. Porque de esto tienen necesidad las almas: de alguien que las conduzca a la Vida, a la Verdad, al Camino bueno. 


Dios es compasivo para con las almas que buscan y no encuentran, no por culpa propia sino por desidia de los pastores ídolos. Dios es compasivo para con aquellas almas que, abandonadas a sí mismas, se extravían y son acogidas por ministros de Lucifer, que están preparados para acoger a los extraviados y hacer de ellos prosélitos de sus doctrinas. 


Dios es compasivo para con aquellos que caen en el engaño por el simple hecho de que los “pastores” de Dios, los llamados pastores de Dios, se han desinteresado de ellos. Dios se muestra compasivo con todos estos que caminan hacia el desaliento, las brumas, la muerte, por culpa de los falsos maestros, que de maestros no tienen más que las vestiduras y el orgullo de que así los llamen. 
Y para estas pobres almas, de la misma forma que envió a los profetas para su pueblo Israel, de la misma forma que ha enviado a Jesús para el mundo entero. 

Así pues, después de Él, enviará a los servidores de la Palabra, de la Verdad y del Amor, para repetir sus palabras. Porque son sus palabras las que dan la Vida. De manera que sus ovejas de ahora y del futuro tendrán la Vida que Eterna que él les da a través de la Palabra, que es Vida eterna para quien la acoge, y no perecerán nunca y ninguno podrá arrancarlas de sus manos. 


A MODO DE APENDICE:


Me parece oportuno citarte cinco comentarios referentes a los versos 38 y 39 que merecen la atención:


Agustín:


Pero, ¿qué motivo tuvo el Señor para dar el Espíritu Santo después de su resurrección? El de que en el día de nuestra resurrección, brille nuestra caridad, nos separemos del afecto de las cosas terrenas y corramos derechamente hacia Dios. Cuando dijo: "El que crea en mí, venga y beba, y ríos de agua viva correrán de su vientre", prometió la vida eterna, donde nada debemos temer, y donde no podemos morir. Y como todo esto es lo que ofreció a los que ardiesen en la caridad del Espíritu Santo, por esto no quiso dárselo sino después que El fue glorificado, para prefigurar en su cuerpo aquella vida que ahora no tenemos, pero que esperamos después de la resurrección.


W. Macdonald:


La expresión de su interior correrán ríos de agua viva significa que manarán corrientes del interior de esta persona o vida para ayuda a otros. J. Stott señala que bebemos en pequeños sorbos o tragos, pero esto queda multiplicado a una poderosa confluencia de corrientes que fluyen. Temple advierte: «Nadie puede ser habitado por el Espíritu de Dios y guardarse para sí este Espíritu. Allí donde está el Espíritu, fluye; si no hay fluencia, Él no está allí». 


J.C Ryle:


Seguir esta exhortación de Cristo es el gran secreto de todo cristianismo salvador. En todas las épocas, los santos de Dios han sido hombres y mujeres que bebieron por fe de esta fuente y recibieron alivio. Sintieron su culpa y su vacío y tuvieron sed de ser liberados. Supieron de una provisión plena de perdón, misericordia y gracia en Cristo crucificado por todos los pecadores penitentes. Creyeron las buenas noticias y actuaron en consecuencia. 
Echaron a un lado cualquier confianza en su propia bondad y dignidad y acudieron a Cristo por fe como pecadores. Haciéndolo así, hallaron alivio. Haciéndolo así a diario, vivieron. Haciéndolo así, murieron. Sentir realmente la gravedad del pecado y tener sed, así como acudir realmente a Cristo y creer, son los dos pasos que llevan al Cielo. Pero son dos grandes pasos. Hay miles demasiado orgullosos y despreocupados para darlos. Por desgracia, hay pocos que piensen; ¡y menos aún que crean! Por último, en estos versículos se nos ofrece una promesa. 


El Señor Jesús dice: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Obviamente, estas palabras tenían un sentido figurado. Se pueden aplicar de dos formas. Por un lado enseñan que todos aquellos que vengan a Cristo por fe hallarán satisfacción abundante en Él. Por otro lado enseñan que los creyentes no solo tendrán suficiente para cubrir las necesidades de sus propias almas, sino que también se convertirán en fuente de bendición para los demás. Miles de cristianos pueden dar testimonio hoy día del cumplimiento de la primera parte de la promesa. 


Dirían, si se pudieran reunir todos sus testimonios, que cuando vinieron a Cristo por fe, hallaron en Él más de lo que esperaban. Han descubierto una paz, una esperanza y un consuelo desde el momento en que creyeron que, a pesar de todas sus dudas y temores, no cambiarían por nada en el mundo. Han hallado gracia según sus necesidades y fuerza según sus días. Con frecuencia se han sentido decepcionados con sus propios corazones, pero Cristo jamás les ha decepcionado. 


El cumplimiento de la otra mitad de la promesa no se conocerá nunca plenamente hasta el día del Juicio. Solo ese día se revelará todo el bien del que ha sido instrumento cada creyente desde el mismísimo día de su conversión. Algunos hacen el bien en vida, con sus lenguas, como los Apóstoles y los primeros predicadores del Evangelio. Otros hacen el bien en su agonía, como Esteban, el ladrón arrepentido y nuestros propios mártires reformadores que ardieron en la hoguera. Otros hacen el bien, por medio de sus escritos, mucho después de haber muerto, como Baxter, Bunyan y M’Cheyne. Pero es probable que, de un modo u otro, se demuestre que casi todos los creyentes han sido fuente de bendición. Por sus palabras o por sus actos, por sus exhortaciones o por su ejemplo, directa o indirectamente, siempre dejan su impronta en otros. Ahora no lo saben, pero al final descubrirán que es cierto. 


La afirmación de Cristo se cumplirá. ¿Hemos experimentado nosotros lo que es “venir a Cristo”? Esta es la pregunta que debiera surgir en nuestros corazones al concluir este pasaje. El peor estado en que puede encontrarse nuestra alma es no sentir preocupación alguna por la eternidad; no tener “sed”. La mayor de las equivocaciones es intentar encontrar alivio por algún otro camino distinto del que tenemos delante: el camino de “venir a Cristo”. 


Una cosa es venir a la Iglesia de Cristo, a los ministros de Cristo o a los preceptos de Cristo. Otra muy distinta es venir a Cristo mismo.
¡Bienaventurado el que no solo conoce estas cosas, sino que también actúa en consecuencia!.


J. Macarthur:


Tres palabras clave resumen la invitación de Jesús al evangelio. Primero, el que tiene sed es aquel que reconoce su sed espiritual (cp. Is. 55:1; Mt. 5:6). Segundo, si quieren encontrar alivio, tales individuos deben venir a Jesús, la única fuente de agua viva. Pero no todos los que reconocen su necesidad y se acercan a Él calman su sed. Aunque el joven rico vino “corriendo, [hincó] la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”, al final “se fue triste” (v. 22) sin saciar su sed. Habiéndose acercado a Cristo, no estaba dispuesto a dar el tercer paso crítico de beber; esto es, apropiarse de Él por la fe. 


Solo quien lo haga recibirá el agua viva en Cristo; todos los otros serán falsos discípulos (6:53), cuyo arrepentimiento no es sincero ni completo. El “arrepentimiento para vida” (Hch. 11:18) que culmina en “el perdón de pecados” (Lc. 24:47) requiere más que el simple remordimiento. Quienes manifiestan el arrepentimiento genuino reconocen ante el Dios santo la sed profunda de su culpa personal, se dan cuenta de que no pueden hacer nada para evitar el juicio que les es adverso. 


Así, confían en el sacrificio de Jesucristo (como pago por sus pecados) y afirman que Él es el único Salvador (Jn. 14:6; Hch. 4:12) y Señor de sus vidas (Ro. 10:9-10). De esta forma, beben el agua viva que Él provee y llega a ser en ellos “una fuente de agua que [salta] para vida eterna” (Jn. 4:14).


Pero Dios no pretendía que los creyentes fueran charcas donde se estancara el agua de salvación. En su lugar, Jesús declaró: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Las palabras del Señor no eran una cita directa de un texto específico del Antiguo Testamento, pero reflejaban pasajes como Proverbios 11:25, Ezequiel 47:1-9 y Zacarías 13:1. 


Los creyentes son los canales a través de los cuales se envían a otros los ríos de agua viva. Leon Morris escribe: “El creyente no es egocéntrico. Pasa a otros el don de Dios de la misma forma en que lo recibe. O para expresarlo de otra manera: cuando un hombre cree, se hace siervo de Dios y Dios los usa como medio de bendición a los demás” (Leon Morris, El Evangelio según Juan [Barcelona: Clie, 2005], p. 426 del original en inglés).


Al evangelizar a los perdidos (el objetivo principal aquí) y edificar a los santos (1 Co. 12:4-11; 1 P. 4:10-11), los creyentes permiten que la vida espiritual en ellos salte y afecte a quienes están cerca. Como lo indica la nota inspirada del apóstol Juan, Jesús hablaba del Espíritu, por medio de quien se imparte vida a los que creen (3:5-8; 6:63; Ro. 8:9; 1 Co. 6:11; 1 P. 1:1-2). 


El Espíritu también los facultó para traer el agua viva de salvación a otras almas sedientas (cp. Hch. 4:31; Ro. 15:18-19; Ef. 4:11). Cuando el Señor habló, la promesa del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él era futura, pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.


J. SMITH:


La invitación. «Si alguno tiene sed, venga a Mí» (v. Jua_7:37). En tu soberbia e incredulidad «no podéis venir», pero si estás sediento de una vida más profunda, verdadera y santa, entonces ahí tienes tu gran oportunidad. «Venga a Mí y beba.» Beber de su verdad y Espíritu es venir donde Él está. Los autosatisfechos no pueden acudir, pero los sedientos sí que pueden.


1. LOS INVITADOS. Son los sedientos los que reciben la invitación a que acudan a beber. La invitación es a Él: «Venid a Mí». No es «Venid al templo, o a la Iglesia, o a cualquier forma particular de adoración». Aparte de Él, toda otra fuente está contaminada, toda cisterna rota. 


No son los dones de Cristo lo que necesita el alma sedienta, sino al mismo Cristo. Beber de Él es recibir de su plenitud, lo único que puede apagar y satisfacer la sed de un alma por la justicia y por Dios. La sed del Dios viviente es capacidad de Él. Jesucristo es el Único que pudo jamás retar honradamente a las almas sedientas de los hombres a que gustaran de Él como todo suficiente para afrontar toda necesidad. 


2. LA PROMESA. «El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (v. Jua_7:38). Cuando hemos acudido a este lugar de plenitud de bendición, hemos llegado entonces a «donde Él está». Cuando creemos en Él, como Él creyó en su Padre, entonces de dentro de nosotros, como de dentro de Él, fluirán ríos de agua de vida, debido a que el Espíritu Santo tendrá acceso libre a la vida interior, y un pleno control de todo el ser. 
Lo mismo que un buen alimento recibido en un estómago sano se manifestará en una acción útil y vigorosa, enviando riadas refrigerantes de vida por todo el sistema, así será cuando el Espíritu de Verdad sea recibido por un corazón obediente. Las fuentes de la vieja vida se secarán, y se abrirá dentro otra fuente, que tiene su fuente en el Dios vivo, y cuyas corrientes son para sanidad y salvación de otros. «No me hallaréis» (v. Jua_7:34), dijo Cristo a sus críticos, porque los críticos jamás le hallarán a Él en toda la verdadera riqueza de su glorioso carácter. Pero «el que en Él cree» entrará en la bienaventurada plenitud de aquella maravillosa vida. El que quiera, que tome del agua de la vida gratuitamente (Apo_22:17).

HIMNO: 


(Extraído del comentario a Juan7:38-39 W. Hendriksen)


Oí la voz del Salvador decir con tierno amor,
Oh, ven a mí, descansarás, cargado pecador;
tal como fui a mi Jesús cansado yo acudí,
y luego dulce alivio y paz por fe de él recibí.
Oí la voz del Salvador decir: venid, bebed,
yo soy la fuente de salud que apaga toda sed;
con sed de Dios, del vivo Dios, busqué a mi Emanuel,
lo hallé, mi sed él apagó y ahora vivo en él.
Oí su dulce voz decir del mundo soy la luz,
miradme a mí y salvos sed, porque por ti morí en la cruz.
Mirando a Cristo luego en él mi norte y sol hallé,
y en esa luz la vida ya por siempre viviré.

viernes, 18 de septiembre de 2020

EL PORQUE CENTRARNOS EN CRISTO

 

EL PORQUE CENTRARNOS EN CRISTO

Hermanos hoy les hablare sobre la extrema importancia de centrarnos y enfocarnos en tener mas conocimiento de Cristo, nuestro Salvador y Redentor.

Para ello tome extractos de John Flavel en su libro “The Fountain Of Life” que me parecen muy importantes para dicha exhortación.

Dice John Flavel:

“Ojalá el conocimiento de Cristo more en abundancia en nosotros… que nuestro conocimiento de Cristo no sea un conocimiento impotente, estéril y poco práctico: ¡Oh, que en su paso desde nuestro entendimiento a nuestros labios, pueda derretir, endulzar y arrebatar poderosamente nuestros corazones! Recuerden, hermanos, que un santo llamamiento nunca salvó a ningún hombre sin un corazón santo. Cuidemos de no privar a la gente de nuestro conocimiento de Cristo con injusticia. Ojalá nuestros labios dispersen conocimientos y alimenten a muchos”.

Primeramente hermanos, tengamos cuidado de no rechazar y despreciar esta luz, este camino, y esta verdad, nuestro Campeón, Jesucristo. Esto se puede hacer de dos maneras:

Punto Uno, cuando desprecias los medios del conocimiento por simple desprecio y desprecio por él. Seguramente, si rechazas así el conocimiento, Dios te rechazará por ello.

Leamos las palabras de Jesús cuando dijo: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.  (Jua 12:48). Notemos que son inseparables sus enseñanzas y El mismo. Fijémonos en el verbo tiene; de tener, esta en presente y eso quiere decir que se le está juzgando a esa persona en vida, desde el mismo momento que rechaza el evangelio. Como dijo W. Partain y B. Reeves en sus comentarios: “al estar en juicio desde que rechazas a Cristo, cada uno está delante del tribunal de Cristo, porque el verdadero juez de la humanidad es el evangelio” (Rom 2:16).

Las palabras o enseñanzas del Señor Jesús serán suficientes para condenar a la persona que libremente rechace y desprecie a Jesucristo, el Hijo de Dios. Flavel tenía razón: Dios también te rechazará si tú lo rechazas. Es el desprecio del regalo más rico que jamás Cristo le dio a la iglesia; y sin embargo es un desprecio que comienza bajo, tal vez con un simple “no tengo tiempo”, o tal vez “me gusta lo que hago” y parece que hasta es no es un NO definitivo; sin embargo, créanlo, es un pecado audaz que vuela más alto de lo que ustedes saben, Lucas 10:16 "El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió".

En segundo lugar, desprecias el conocimiento de Cristo, cuando desprecias las direcciones y las amorosas limitaciones de ese conocimiento; cuando te niegas a ser guiado por su conocimiento, tu luz y tus deseos luchan y luchan dentro de ti.

Flavel dice: “Oh, es triste cuando tus deseos dominan tu luz. No pequéis como pecan los paganos que no conocen a Dios”. Entonces: como podrías rechazar tal conocimiento? Como podrías rechazar a tu Salvador, que te tiende la mano para sacarte del pozo del pecado y la condenación, que quiere limpiarte, santificarte, y darte tesoros que todo el mundo jamás te podría dar? Peor aun! Los que desprecian a los fieles ministros de Cristo, los que piensan mal de ellos y se burlan de ellos, serán reconocidos como los que despreciaron a Dios y Cristo. Y te aseguro, que si eres de esas personas bravuconas, en la calle, que insultas y te burlas de los predicadores de la palabra en la calle, serás señalado para adversidad, delante del trono majestuoso de nuestro Señor Jesús, me gustaría saber si serás tan valiente allí… “si, pues no tengo miedo” yo te digo: escúchame cuando estés delante de su Gloria y de su trono, estarás derretido de miedo y pavor como un soplete derrite a una vela, a menos que te arrojes a los pies de Cristo!

William Barclay comenta sobre Lucas 10:16: “El haber escuchado la Palabra de Dios conlleva una gran responsabilidad. Seremos juzgados según lo que hayamos tenido oportunidad de saber. A un niño se le consienten cosas que se condenarían en un adulto; a un salvaje se le perdonan cosas que se castigarían en un civilizado. La responsabilidad es la otra cara del privilegio.

Es un error terrible el rechazar la invitación de Dios. En cierto sentido, todas las promesas de Dios que hayamos escuchado pueden convertirse en nuestra condenación. Si las recibimos, son nuestra mayor gloria; pero cada una de las que hemos rechazado será algún día un testigo en contra nuestra”.

Punto Dos, tengamos cuidado de no estar satisfecho con ese conocimiento de Cristo que hemos alcanzado, y queramos añadirle “toques personales” para que sea “perfecto”.

Flavel Dice: “Es el orgullo y la ignorancia de muchos profesores, cuando tienen algunas nociones crudas y sin digerir, llenarse de vanidad por sus excelentes logros. Y es el pecado, incluso del mejor de los santos, cuando ven cuán profundo es el conocimiento de Cristo, y qué esfuerzos deben tomar para cavar en busca de él, arrojar la pala del deber y clamar: “Cavar no podemos”. O “ya extraje suficiente de Cristo, ya no hay más de El”. A su trabajo, cristianos, a su trabajo; No dejéis que vuestra vela y sed de Jesús se apague: recluidos en su estudio, Biblia en mano, mirad qué inagotable es el conocer de El”.

Cuando pasemos a la eternidad y veamos su rostro, pasaremos de gloria en gloria, de eternidad en eternidad, conociéndolo mas, y aun no llegaríamos al 1% del evangelio del Señor Jesucristo!

Recordemos a Juan en su evangelio cuando dijo: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro”. (Jua 20:30) y también: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén”.  (Jua 21:25).

Solo en su Pasión y muerte hay un sin numero de profundidades que, con ya 2000 años de historia cristiana se siguen sacando innumerables pensamientos, poemas, canciones, estudios, millones de libros, sin contar la infinita piedad que genera de ella hacia la humanidad; amor, sacrificio, obediencia, justicia, victoria…

Es un serio error intentar añadir a nuestras iglesias, estrategias humanas, planes de prosperidad, y demás sabiduría humana, cuando tenemos ante nosotros la Diadema que brilla en nuestra Biblia, la fuente de todas las doctrinas: EL EVANGELIO DE JESUCRISTO.

William Macdonald dice:

“Jesús es Dios, y por ello mismo es infinito. No hay límite al significado de Sus palabras ni al número de Sus obras. Mientras Él estaba aquí en la tierra, era todavía el Sustentador de todas las cosas -el sol, la luna y las estrellas-. ¿Quién podría jamás describir lo que mantiene el universo en movimiento? Incluso acerca de Sus milagros sobre la tierra, sólo recibimos la descripción más sucinta. Pensemos en los nervios, músculos, corpúsculos sanguíneos y otros miembros que Él controlaba. Pensemos en Su control sobre los microorganismos, peces, y vida animal. Pensemos en Su conducción en los asuntos de los hombres. Pensemos en Su control sobre la estructura atómica de cada fragmento de materia en el universo. ¿Podría el mundo mismo posiblemente contener estos infinitos detalles? La respuesta es un «No» rotundo”.

Paul Washer en su Libro “El Llamado del Evangelio y la Conversión Verdadera” dice:

“El evangelio de Jesucristo es el más grande de todos los tesoros dado a la iglesia y al cristiano. No es un mensaje entre muchos otros, sino el mensaje sobre todos. Es el poder de Dios para salvación a los pecadores y la revelación más grande de la multiforme sabiduría de Dios para los hombres y los ángeles. Es por esta razón que el apóstol Pablo dio al evangelio el primer lugar en su predicación, esforzándose por proclamarlo claramente e incluso imprecando a aquellos que pervirtieran su veracidad.

Cada generación de cristianos es administradora del mensaje del evangelio, y, a través del poder del Espíritu Santo, Dios la llama a guardar este tesoro que le ha sido confiado. Si queremos ser fieles administradores, debemos concentrarnos en el estudio del evangelio, hacer todo lo posible por entender sus verdades, y comprometernos a guardar su contenido.

Al hacerlo así, aseguramos la salvación tanto para nosotros como para aquellos que nos escuchan. Uno de los crímenes más grandes cometido por la presente generación de cristianos es su descuido del evangelio, y es de este descuido que surgen otros males. No es tanto que el mundo perdido está endurecido hacia el evangelio sino que es más bien ignorante del evangelio, puesto que muchos de aquellos que proclaman el evangelio son ignorantes de sus verdades más básicas.

 Los temas esenciales que conforman la esencia del evangelio —la justicia de Dios, la depravación radical del hombre, la propiciación por sangre, la naturaleza de la conversión verdadera y la base bíblica de la seguridad— están ausentes de demasiados púlpitos. Las iglesias reducen el mensaje del evangelio a unas pocas declaraciones doctrinales, enseñan que la conversión es una decisión puramente humana y declaran seguridad de salvación sobre cualquiera que pronuncia la oración del pecador.

El resultado de esta reducción del evangelio ha tenido un enorme alcance. Primero, endurece los corazones de los no convertidos. Pocos de los “convertidos” hoy alguna vez se integran a la iglesia, y aquellos que lo hacen frecuentemente caen o tienen vidas marcadas por la carnalidad. Incontables millones caminan por nuestras calles y se sientan en las bancas de las iglesias sin ser cambiados por el verdadero evangelio de Jesucristo, aunque estén convencidos de su salvación porque alguna vez levantaron la mano en una campaña evangelística o repitieron una oración.

Este sentido falso de seguridad crea una enorme barrera que muchas veces aísla a los individuos de escuchar el verdadero evangelio. Segundo, este evangelio deforma a la iglesia de un cuerpo espiritual de creyentes regenerados a una reunión de hombres carnales que profesan conocer a Dios, pero lo niegan con sus hechos.

Con la predicación del evangelio verdadero, los hombres vienen a la iglesia sin esperar ser entretenidos con algún espectáculo, con actividades especiales o con la promesa de beneficios más allá de los ofrecidos por el evangelio. Aquellos que vienen lo hacen porque tienen un profundo anhelo por Cristo y están hambrientos por la verdad bíblica, la adoración sincera y oportunidades de servir. Cuando la iglesia proclama un evangelio inferior, se llena de hombres carnales que muestran poco interés por las cosas de Dios y se convierten en una carga para la iglesia.

La iglesia entonces baja las demandas radicales del evangelio a una moralidad conveniente, y la verdadera devoción a Cristo da paso a actividades diseñadas para satisfacer lo que sus miembros sienten como necesidades. La iglesia llega a estar impulsada por actividades en vez de estar centrada en Cristo, y filtra o empaqueta cuidadosamente la verdad de manera que no ofenda a la mayoría carnal. La iglesia deja a un lado las grandes verdades de la Escritura y el cristianismo ortodoxo; el pragmatismo (es decir, lo que sea que mantenga a la iglesia funcionando y creciendo) se convierte en la orden del día.

Tercero, este evangelio reduce el evangelismo y las misiones a poco más que un proyecto humanístico impulsado por estrategias de mercado ingeniosas, basadas en un cuidadoso estudio de las últimas tendencias en la cultura. Después de años de ser testigos de la falta de poder de un evangelio no bíblico, muchos evangélicos parecen estar convencidos de que el evangelio no funcionará y que el hombre se ha convertido en un ser muy complejo como para ser salvado y transformado por un mensaje tan simple y asombroso. Ahora hay más énfasis en tratar de entender nuestra cultura caída y sus modas pasajeras que en tratar de entender y proclamar el único mensaje que tiene el poder para salvarla.

Como resultado, el evangelio es constantemente empacado para que se ajuste a lo que la cultura contemporánea considera más relevante. Hemos olvidado que el verdadero evangelio es siempre relevante a toda cultura porque es la palabra eterna de Dios para todo hombre. Cuarto, este evangelio trae deshonra al nombre de Dios. A través de la proclamación de un evangelio inferior, los carnales y los inconversos se incorporan en la comunión de la iglesia, y, a través del casi total abandono de la disciplina eclesiástica bíblica, se les permite permanecer sin corrección o reprensión.

Esto mancha la pureza y la reputación de la iglesia, y es blasfemado el nombre de Dios entre los no creyentes. Al final, Dios no es glorificado, la iglesia no es edificada, los miembros inconversos de la iglesia no son salvados y la iglesia tiene poco o ningún testimonio para el mundo incrédulo. No es propio que nosotros como ministros o laicos estemos tan cerca y no hagamos nada cuando vemos “el glorioso evangelio del Dios bendito” ser reemplazado por un evangelio de menor gloria.

Como administradores de este encargo, tenemos la obligación de recuperar el único evangelio verdadero y proclamarlo con valentía y claridad a todos. Haríamos bien en prestar atención a las palabras de Charles Haddon Spurgeon:

En estos días me siento impulsado a ir, una y otra vez, a las elementales verdades del evangelio. En tiempos de paz nos sentimos libres de incursionar en los interesantes espacios de la verdad que yacen en la lejanía; pero ahora debemos permanecer en casa y vigilar las creencias fundamentales de la iglesia, defendiendo los principios básicos de la fe. En esta época se han levantado hombres en la propia iglesia que hablan de cosas perversas. Hay muchos que nos inquietan con sus filosofías y sus nuevas interpretaciones, con las que ellos mismos niegan las doctrinas que dicen enseñar y atacan la fe que ellos han prometido guardar. Es bueno que algunos de nosotros, que sabemos lo que creemos y no tenemos significados secretos para nuestras palabras, afinquemos nuestro pie y nos mantengamos firmes, defendiendo la palabra de vida y declarando llanamente las verdades fundamentales del evangelio de Jesucristo.

A que esperamos por estudiar, conocer y amar más a nuestro Campeón y Rey Jesucristo?

Edwing Piñango.