miércoles, 18 de noviembre de 2020

TIAL DE VIDA ETERNA

  

Estimado Amigo Ricardo:


Primeramente veamos el texto a comentar:


Jua 7:38  El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 


Jua 7:39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.


El contexto en el que se da la cita es Jesús hablando a las multitudes allí reunidas, al finalizar las fiestas de los tabernáculos, es bueno acotar el verso 37: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” ya que es AQUÍ donde tenemos la fuente principal: sigamos el ejemplo que nos da Jesús, Él es el manantial de donde fluye el agua de la vida, no hay otro manantial que pueda dar vida.


Él dice: “si alguno tuviere sed” y quien no ha tenido sed en este mundo? Y cuando se habla de sed, se habla de la búsqueda de la felicidad y del sentirse pleno, completo, satisfecho… el mundo puede dar trágicos ejemplos de lo que acarrea no beber del manantial verdadero, y en vez de ello beber del manantial ambición, del manantial riquezas y vanagloria, sexo, adicciones, etc… traen como resultados el suicidio, la tristeza, la depresión… allí está el mundo y millones se arrojan a su abismo…


Venga a mí y beba”: todos y cada uno de nosotros, creyentes verdaderos de nuestro amado salvador Jesús hemos degustado de esa agua… ¡y no nos hemos despegado de ella!


Escuchemos a Calvino cuando dice en su comentario: “Mediante esta cláusula exhorta a todos a participar de sus bendiciones, siempre que, por la convicción de su propia pobreza, deseen obtener ayuda. Porque es cierto que todos somos pobres y desprovistos de toda bendición, pero está lejos de ser cierto que todos se sientan impulsados por la convicción de su pobreza a buscar alivio. 


De ahí surge que muchas personas no mueven un pie, sino que miserablemente se marchitan y se pudren, e incluso hay muchísimos que no se ven afectados por la percepción de su vacuidad, hasta que el Espíritu de Dios, por su propio fuego, enciende el hambre y la sed en sus corazones. 


Pertenece al Espíritu, por tanto, hacernos desear su gracia. En cuanto al pasaje presente, debemos observar, primero, que nadie está llamado a obtener las riquezas del Espíritu sino aquellos que arden con el deseo de ellas. 


Porque sabemos que el dolor de la sed es sumamente agudo y atormentador, de modo que los hombres más fuertes y los que pueden soportar cualquier cantidad de trabajo se ven dominados por la sed. Y, sin embargo, invita a los sedientos más que a los hambrientos, para seguir la metáfora que luego emplea en la palabra agua y la palabra beber, para que todas las partes del discurso estén de acuerdo entre sí. Y no tengo ninguna duda de que él alude a ese pasaje en Isaías, Todos los que tienen sed, vienen a las aguas (Isaías 55: 1.) Porque lo que el Profeta allí atribuye a Dios debe haberse cumplido finalmente en Cristo”.
Con este comentario podemos avanzar al verso 38, donde siguiendo esta última parte del comentario de Calvino, tenemos conceptos semejantes que se encuentran en muchos textos sagrados. Sal_105:41, "Abrió la peña, y fluyeron aguas; corrieron por los sequedales como un río". Isa_55:1; Isa_58:11; Zac_13:1; Zac_14:8; Eze_47:1; Eze_47:12; Joe_3:18. (te aconsejo leer estos versos hermano).


Cuando creemos en él, y nos hacemos uno con El, habiendo bebido ya, como dije anteriormente, de su manantial, de su fuente, empezamos a convertirnos en un rio de agua viva, ahora, dicha agua procede de nosotros? NO, el procede de Jesús (es Jesús mismo), ya que esta agua la hemos tomado de su manantial.


Y que es el agua? 


En una ocasión, Jesús le dijo a una mujer samaritana que estaba junto a un pozo, cerca de Sicar, que el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. (Jn 4:7-15.)


El apóstol Juan registra su visión de “un nuevo cielo y una nueva tierra”, en la que vio fluir desde el trono de Dios un “río de agua de vida”. A ambos lados de este río había árboles que producían fruto, y sus hojas se utilizaban para la curación de las naciones. (Apoc 21:1; 22:1, 2.) Finalizada esta descripción, Jesús le explicó a Juan por qué le había dado la visión mediante el ángel. Entonces Juan oyó la proclamación: “Y el espíritu y la novia siguen diciendo: ‘¡Ven!’. Y cualquiera que oiga, diga: ‘¡Ven!’. Y cualquiera que tenga sed, venga; cualquiera que desee, tome gratis el agua de la vida”. 


Los siervos del señor extenderían esta invitación para que los sedientos empezasen a beber de la provisión divina a fin de conseguir vida eterna por medio del Cordero de Dios. (Jn 1:29.) Obtendrían lo que actualmente le hace falta a la humanidad: esta agua de vida. 


La invitación tiene que extenderse a todo el mundo, aunque no con fines lucrativos (ojo con la falsa teología de la prosperidad, Cash Luna y sus lobos), pues todo el que la desee puede tomar de ella gratis. (Apoc 22:17.)
Antes de su muerte y resurrección, cuando Jesús mencionó que sus seguidores iban a recibir Espíritu Santo a partir del Pentecostés del año 33 E.C., dijo que de sus partes más interiores fluirían “corrientes de agua viva”. (Jn 7:37-39.) 


En las Escrituras Griegas Cristianas se halla abundante prueba de la inmensa labor que realizaron los apóstoles y discípulos, impulsados por la fuerza del espíritu de Dios, al llevar las aguas dadoras de vida a otras personas, empezando en Jerusalén y llegando con el tiempo a todo el mundo conocido de aquel entonces… Sufrieron por ello? Desde luego que sí, crucificados, muertos a espada, quemados, devorados, pero fueron cantando salmos de alabanza, por tener el majestuoso privilegio de morir por la causa de su salvador Jesús. Y su convicción provenía de esta fuente, de este manantial ¡cómo poner en duda que de ellos fluían manantiales de vida, de evangelio, de Jesús!


En el verso 39 leemos: “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.


El Espíritu Santo se manifestó a los Apóstoles en ese día de pentecostés. A partir de allí, los creyentes verdaderos de Jesús, comenzaron a ver como de sí mismos fluían, corrientes de agua viva, corrientes llenas de Jesús, su palabra. Fluían de ellos, por lo tanto no podían contener esa bendición, tenían que dar la buena nueva, el evangelio de Jesucristo. 


Hoy en día ha disminuido esa fuente?  aquí estamos dos mil años después bebiendo de ella, y siendo nosotros mismos, ejemplos vivos del cumplimiento del verso de Juan 7:39.


Partain Reeves comenta: “no solamente recibimos grandes beneficios para nuestra propia alma, sino que también llegamos a ser fuente de vida o canal de bendición para apagar la sed de otros. Ríos de agua viva corren de las iglesias de Cristo cuando los miembros se exhortan unos a otros con himnos y cánticos espirituales, y cuando oran, enseñan y participan en los demás actos espirituales enseñados por el Espíritu Santo, y cuando llevan el evangelio a otros por medio de su buen ejemplo y la enseñanza de la sana doctrina. Que gran verdad! Hermano, la fuente es eterna, y aun veamos lo que veamos, (me refiero a cómo anda el mundo) soy positivo, y creo firmemente que Jesús anda triunfante.


Tal como lo dijo Paul Washer en la Conferencia G3 del 2020 “lo sé hermanos, lo sé, que si aún yo fuera despojado de la armadura de Saúl, y solo tuviera las piedras del evangelio en mi mano, con esas sería suficiente para evangelizar a todo el que Dios quiera sacar del pecado”.


Así de poderosa es esta fuente… así de poderoso es Jesús y su evangelio…
Jesús Habló siempre para que el mundo no se haga todo él idólatra. Y habló a los suyos, elegidos para que repitan sus palabras. 


El Espíritu de Dios habla, y todos los que le siguen comprenderán aquello que ni siquiera los sabios sabrán comprender. Porque los estudiosos estudiarán la palabra, la frase, el modo, el lugar, el cómo, el instrumento a través de los cuales la Palabra habla, mientras que los elegidos no se abstraerán en estos estudios inútiles; antes bien, escucharán embargados en el amor y comprenderán, porque será el Amor el que hable.


Distinguirán las adornadas páginas de los doctos o las engañosas de los falsos profetas, de los pastores de hipocresía, que enseñan doctrinas contrarias, o enseñan lo que ellos no practican, de las palabras sencillas, verdaderas, profundas que de Jesús y su evangelio vendrán. 


Pero el mundo nos odiará por esto, porque el mundo odia a la Luz y odia a los hijos de la Luz, el tenebroso mundo que desea las tinieblas propicias para pecar. Las ovejas conocen a Jesús y le conocerán y le seguirán siempre incluso por los ríos de sangre y dolor que Jesús ya recorrió a la cabeza y ellas recorrerán después de Él


Los ríos que llevan las almas a la Sabiduría, Los ríos hechos luminosos por la sangre y el llanto de los perseguidos por enseñar la justicia, la verdad, el evangelio de Jesucristo crucificado, ríos hechos luminosos para que resalten en la calígine de los humos del mundo y de Satanás, y sean como estelas de estrellas para guiar a quienes buscan el Camino, la Verdad, la Vida, y no hallan a nadie que hacia ellos los guíe. Porque de esto tienen necesidad las almas: de alguien que las conduzca a la Vida, a la Verdad, al Camino bueno. 


Dios es compasivo para con las almas que buscan y no encuentran, no por culpa propia sino por desidia de los pastores ídolos. Dios es compasivo para con aquellas almas que, abandonadas a sí mismas, se extravían y son acogidas por ministros de Lucifer, que están preparados para acoger a los extraviados y hacer de ellos prosélitos de sus doctrinas. 


Dios es compasivo para con aquellos que caen en el engaño por el simple hecho de que los “pastores” de Dios, los llamados pastores de Dios, se han desinteresado de ellos. Dios se muestra compasivo con todos estos que caminan hacia el desaliento, las brumas, la muerte, por culpa de los falsos maestros, que de maestros no tienen más que las vestiduras y el orgullo de que así los llamen. 
Y para estas pobres almas, de la misma forma que envió a los profetas para su pueblo Israel, de la misma forma que ha enviado a Jesús para el mundo entero. 

Así pues, después de Él, enviará a los servidores de la Palabra, de la Verdad y del Amor, para repetir sus palabras. Porque son sus palabras las que dan la Vida. De manera que sus ovejas de ahora y del futuro tendrán la Vida que Eterna que él les da a través de la Palabra, que es Vida eterna para quien la acoge, y no perecerán nunca y ninguno podrá arrancarlas de sus manos. 


A MODO DE APENDICE:


Me parece oportuno citarte cinco comentarios referentes a los versos 38 y 39 que merecen la atención:


Agustín:


Pero, ¿qué motivo tuvo el Señor para dar el Espíritu Santo después de su resurrección? El de que en el día de nuestra resurrección, brille nuestra caridad, nos separemos del afecto de las cosas terrenas y corramos derechamente hacia Dios. Cuando dijo: "El que crea en mí, venga y beba, y ríos de agua viva correrán de su vientre", prometió la vida eterna, donde nada debemos temer, y donde no podemos morir. Y como todo esto es lo que ofreció a los que ardiesen en la caridad del Espíritu Santo, por esto no quiso dárselo sino después que El fue glorificado, para prefigurar en su cuerpo aquella vida que ahora no tenemos, pero que esperamos después de la resurrección.


W. Macdonald:


La expresión de su interior correrán ríos de agua viva significa que manarán corrientes del interior de esta persona o vida para ayuda a otros. J. Stott señala que bebemos en pequeños sorbos o tragos, pero esto queda multiplicado a una poderosa confluencia de corrientes que fluyen. Temple advierte: «Nadie puede ser habitado por el Espíritu de Dios y guardarse para sí este Espíritu. Allí donde está el Espíritu, fluye; si no hay fluencia, Él no está allí». 


J.C Ryle:


Seguir esta exhortación de Cristo es el gran secreto de todo cristianismo salvador. En todas las épocas, los santos de Dios han sido hombres y mujeres que bebieron por fe de esta fuente y recibieron alivio. Sintieron su culpa y su vacío y tuvieron sed de ser liberados. Supieron de una provisión plena de perdón, misericordia y gracia en Cristo crucificado por todos los pecadores penitentes. Creyeron las buenas noticias y actuaron en consecuencia. 
Echaron a un lado cualquier confianza en su propia bondad y dignidad y acudieron a Cristo por fe como pecadores. Haciéndolo así, hallaron alivio. Haciéndolo así a diario, vivieron. Haciéndolo así, murieron. Sentir realmente la gravedad del pecado y tener sed, así como acudir realmente a Cristo y creer, son los dos pasos que llevan al Cielo. Pero son dos grandes pasos. Hay miles demasiado orgullosos y despreocupados para darlos. Por desgracia, hay pocos que piensen; ¡y menos aún que crean! Por último, en estos versículos se nos ofrece una promesa. 


El Señor Jesús dice: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Obviamente, estas palabras tenían un sentido figurado. Se pueden aplicar de dos formas. Por un lado enseñan que todos aquellos que vengan a Cristo por fe hallarán satisfacción abundante en Él. Por otro lado enseñan que los creyentes no solo tendrán suficiente para cubrir las necesidades de sus propias almas, sino que también se convertirán en fuente de bendición para los demás. Miles de cristianos pueden dar testimonio hoy día del cumplimiento de la primera parte de la promesa. 


Dirían, si se pudieran reunir todos sus testimonios, que cuando vinieron a Cristo por fe, hallaron en Él más de lo que esperaban. Han descubierto una paz, una esperanza y un consuelo desde el momento en que creyeron que, a pesar de todas sus dudas y temores, no cambiarían por nada en el mundo. Han hallado gracia según sus necesidades y fuerza según sus días. Con frecuencia se han sentido decepcionados con sus propios corazones, pero Cristo jamás les ha decepcionado. 


El cumplimiento de la otra mitad de la promesa no se conocerá nunca plenamente hasta el día del Juicio. Solo ese día se revelará todo el bien del que ha sido instrumento cada creyente desde el mismísimo día de su conversión. Algunos hacen el bien en vida, con sus lenguas, como los Apóstoles y los primeros predicadores del Evangelio. Otros hacen el bien en su agonía, como Esteban, el ladrón arrepentido y nuestros propios mártires reformadores que ardieron en la hoguera. Otros hacen el bien, por medio de sus escritos, mucho después de haber muerto, como Baxter, Bunyan y M’Cheyne. Pero es probable que, de un modo u otro, se demuestre que casi todos los creyentes han sido fuente de bendición. Por sus palabras o por sus actos, por sus exhortaciones o por su ejemplo, directa o indirectamente, siempre dejan su impronta en otros. Ahora no lo saben, pero al final descubrirán que es cierto. 


La afirmación de Cristo se cumplirá. ¿Hemos experimentado nosotros lo que es “venir a Cristo”? Esta es la pregunta que debiera surgir en nuestros corazones al concluir este pasaje. El peor estado en que puede encontrarse nuestra alma es no sentir preocupación alguna por la eternidad; no tener “sed”. La mayor de las equivocaciones es intentar encontrar alivio por algún otro camino distinto del que tenemos delante: el camino de “venir a Cristo”. 


Una cosa es venir a la Iglesia de Cristo, a los ministros de Cristo o a los preceptos de Cristo. Otra muy distinta es venir a Cristo mismo.
¡Bienaventurado el que no solo conoce estas cosas, sino que también actúa en consecuencia!.


J. Macarthur:


Tres palabras clave resumen la invitación de Jesús al evangelio. Primero, el que tiene sed es aquel que reconoce su sed espiritual (cp. Is. 55:1; Mt. 5:6). Segundo, si quieren encontrar alivio, tales individuos deben venir a Jesús, la única fuente de agua viva. Pero no todos los que reconocen su necesidad y se acercan a Él calman su sed. Aunque el joven rico vino “corriendo, [hincó] la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”, al final “se fue triste” (v. 22) sin saciar su sed. Habiéndose acercado a Cristo, no estaba dispuesto a dar el tercer paso crítico de beber; esto es, apropiarse de Él por la fe. 


Solo quien lo haga recibirá el agua viva en Cristo; todos los otros serán falsos discípulos (6:53), cuyo arrepentimiento no es sincero ni completo. El “arrepentimiento para vida” (Hch. 11:18) que culmina en “el perdón de pecados” (Lc. 24:47) requiere más que el simple remordimiento. Quienes manifiestan el arrepentimiento genuino reconocen ante el Dios santo la sed profunda de su culpa personal, se dan cuenta de que no pueden hacer nada para evitar el juicio que les es adverso. 


Así, confían en el sacrificio de Jesucristo (como pago por sus pecados) y afirman que Él es el único Salvador (Jn. 14:6; Hch. 4:12) y Señor de sus vidas (Ro. 10:9-10). De esta forma, beben el agua viva que Él provee y llega a ser en ellos “una fuente de agua que [salta] para vida eterna” (Jn. 4:14).


Pero Dios no pretendía que los creyentes fueran charcas donde se estancara el agua de salvación. En su lugar, Jesús declaró: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Las palabras del Señor no eran una cita directa de un texto específico del Antiguo Testamento, pero reflejaban pasajes como Proverbios 11:25, Ezequiel 47:1-9 y Zacarías 13:1. 


Los creyentes son los canales a través de los cuales se envían a otros los ríos de agua viva. Leon Morris escribe: “El creyente no es egocéntrico. Pasa a otros el don de Dios de la misma forma en que lo recibe. O para expresarlo de otra manera: cuando un hombre cree, se hace siervo de Dios y Dios los usa como medio de bendición a los demás” (Leon Morris, El Evangelio según Juan [Barcelona: Clie, 2005], p. 426 del original en inglés).


Al evangelizar a los perdidos (el objetivo principal aquí) y edificar a los santos (1 Co. 12:4-11; 1 P. 4:10-11), los creyentes permiten que la vida espiritual en ellos salte y afecte a quienes están cerca. Como lo indica la nota inspirada del apóstol Juan, Jesús hablaba del Espíritu, por medio de quien se imparte vida a los que creen (3:5-8; 6:63; Ro. 8:9; 1 Co. 6:11; 1 P. 1:1-2). 


El Espíritu también los facultó para traer el agua viva de salvación a otras almas sedientas (cp. Hch. 4:31; Ro. 15:18-19; Ef. 4:11). Cuando el Señor habló, la promesa del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él era futura, pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.


J. SMITH:


La invitación. «Si alguno tiene sed, venga a Mí» (v. Jua_7:37). En tu soberbia e incredulidad «no podéis venir», pero si estás sediento de una vida más profunda, verdadera y santa, entonces ahí tienes tu gran oportunidad. «Venga a Mí y beba.» Beber de su verdad y Espíritu es venir donde Él está. Los autosatisfechos no pueden acudir, pero los sedientos sí que pueden.


1. LOS INVITADOS. Son los sedientos los que reciben la invitación a que acudan a beber. La invitación es a Él: «Venid a Mí». No es «Venid al templo, o a la Iglesia, o a cualquier forma particular de adoración». Aparte de Él, toda otra fuente está contaminada, toda cisterna rota. 


No son los dones de Cristo lo que necesita el alma sedienta, sino al mismo Cristo. Beber de Él es recibir de su plenitud, lo único que puede apagar y satisfacer la sed de un alma por la justicia y por Dios. La sed del Dios viviente es capacidad de Él. Jesucristo es el Único que pudo jamás retar honradamente a las almas sedientas de los hombres a que gustaran de Él como todo suficiente para afrontar toda necesidad. 


2. LA PROMESA. «El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (v. Jua_7:38). Cuando hemos acudido a este lugar de plenitud de bendición, hemos llegado entonces a «donde Él está». Cuando creemos en Él, como Él creyó en su Padre, entonces de dentro de nosotros, como de dentro de Él, fluirán ríos de agua de vida, debido a que el Espíritu Santo tendrá acceso libre a la vida interior, y un pleno control de todo el ser. 
Lo mismo que un buen alimento recibido en un estómago sano se manifestará en una acción útil y vigorosa, enviando riadas refrigerantes de vida por todo el sistema, así será cuando el Espíritu de Verdad sea recibido por un corazón obediente. Las fuentes de la vieja vida se secarán, y se abrirá dentro otra fuente, que tiene su fuente en el Dios vivo, y cuyas corrientes son para sanidad y salvación de otros. «No me hallaréis» (v. Jua_7:34), dijo Cristo a sus críticos, porque los críticos jamás le hallarán a Él en toda la verdadera riqueza de su glorioso carácter. Pero «el que en Él cree» entrará en la bienaventurada plenitud de aquella maravillosa vida. El que quiera, que tome del agua de la vida gratuitamente (Apo_22:17).

HIMNO: 


(Extraído del comentario a Juan7:38-39 W. Hendriksen)


Oí la voz del Salvador decir con tierno amor,
Oh, ven a mí, descansarás, cargado pecador;
tal como fui a mi Jesús cansado yo acudí,
y luego dulce alivio y paz por fe de él recibí.
Oí la voz del Salvador decir: venid, bebed,
yo soy la fuente de salud que apaga toda sed;
con sed de Dios, del vivo Dios, busqué a mi Emanuel,
lo hallé, mi sed él apagó y ahora vivo en él.
Oí su dulce voz decir del mundo soy la luz,
miradme a mí y salvos sed, porque por ti morí en la cruz.
Mirando a Cristo luego en él mi norte y sol hallé,
y en esa luz la vida ya por siempre viviré.

viernes, 18 de septiembre de 2020

EL PORQUE CENTRARNOS EN CRISTO

 

EL PORQUE CENTRARNOS EN CRISTO

Hermanos hoy les hablare sobre la extrema importancia de centrarnos y enfocarnos en tener mas conocimiento de Cristo, nuestro Salvador y Redentor.

Para ello tome extractos de John Flavel en su libro “The Fountain Of Life” que me parecen muy importantes para dicha exhortación.

Dice John Flavel:

“Ojalá el conocimiento de Cristo more en abundancia en nosotros… que nuestro conocimiento de Cristo no sea un conocimiento impotente, estéril y poco práctico: ¡Oh, que en su paso desde nuestro entendimiento a nuestros labios, pueda derretir, endulzar y arrebatar poderosamente nuestros corazones! Recuerden, hermanos, que un santo llamamiento nunca salvó a ningún hombre sin un corazón santo. Cuidemos de no privar a la gente de nuestro conocimiento de Cristo con injusticia. Ojalá nuestros labios dispersen conocimientos y alimenten a muchos”.

Primeramente hermanos, tengamos cuidado de no rechazar y despreciar esta luz, este camino, y esta verdad, nuestro Campeón, Jesucristo. Esto se puede hacer de dos maneras:

Punto Uno, cuando desprecias los medios del conocimiento por simple desprecio y desprecio por él. Seguramente, si rechazas así el conocimiento, Dios te rechazará por ello.

Leamos las palabras de Jesús cuando dijo: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.  (Jua 12:48). Notemos que son inseparables sus enseñanzas y El mismo. Fijémonos en el verbo tiene; de tener, esta en presente y eso quiere decir que se le está juzgando a esa persona en vida, desde el mismo momento que rechaza el evangelio. Como dijo W. Partain y B. Reeves en sus comentarios: “al estar en juicio desde que rechazas a Cristo, cada uno está delante del tribunal de Cristo, porque el verdadero juez de la humanidad es el evangelio” (Rom 2:16).

Las palabras o enseñanzas del Señor Jesús serán suficientes para condenar a la persona que libremente rechace y desprecie a Jesucristo, el Hijo de Dios. Flavel tenía razón: Dios también te rechazará si tú lo rechazas. Es el desprecio del regalo más rico que jamás Cristo le dio a la iglesia; y sin embargo es un desprecio que comienza bajo, tal vez con un simple “no tengo tiempo”, o tal vez “me gusta lo que hago” y parece que hasta es no es un NO definitivo; sin embargo, créanlo, es un pecado audaz que vuela más alto de lo que ustedes saben, Lucas 10:16 "El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió".

En segundo lugar, desprecias el conocimiento de Cristo, cuando desprecias las direcciones y las amorosas limitaciones de ese conocimiento; cuando te niegas a ser guiado por su conocimiento, tu luz y tus deseos luchan y luchan dentro de ti.

Flavel dice: “Oh, es triste cuando tus deseos dominan tu luz. No pequéis como pecan los paganos que no conocen a Dios”. Entonces: como podrías rechazar tal conocimiento? Como podrías rechazar a tu Salvador, que te tiende la mano para sacarte del pozo del pecado y la condenación, que quiere limpiarte, santificarte, y darte tesoros que todo el mundo jamás te podría dar? Peor aun! Los que desprecian a los fieles ministros de Cristo, los que piensan mal de ellos y se burlan de ellos, serán reconocidos como los que despreciaron a Dios y Cristo. Y te aseguro, que si eres de esas personas bravuconas, en la calle, que insultas y te burlas de los predicadores de la palabra en la calle, serás señalado para adversidad, delante del trono majestuoso de nuestro Señor Jesús, me gustaría saber si serás tan valiente allí… “si, pues no tengo miedo” yo te digo: escúchame cuando estés delante de su Gloria y de su trono, estarás derretido de miedo y pavor como un soplete derrite a una vela, a menos que te arrojes a los pies de Cristo!

William Barclay comenta sobre Lucas 10:16: “El haber escuchado la Palabra de Dios conlleva una gran responsabilidad. Seremos juzgados según lo que hayamos tenido oportunidad de saber. A un niño se le consienten cosas que se condenarían en un adulto; a un salvaje se le perdonan cosas que se castigarían en un civilizado. La responsabilidad es la otra cara del privilegio.

Es un error terrible el rechazar la invitación de Dios. En cierto sentido, todas las promesas de Dios que hayamos escuchado pueden convertirse en nuestra condenación. Si las recibimos, son nuestra mayor gloria; pero cada una de las que hemos rechazado será algún día un testigo en contra nuestra”.

Punto Dos, tengamos cuidado de no estar satisfecho con ese conocimiento de Cristo que hemos alcanzado, y queramos añadirle “toques personales” para que sea “perfecto”.

Flavel Dice: “Es el orgullo y la ignorancia de muchos profesores, cuando tienen algunas nociones crudas y sin digerir, llenarse de vanidad por sus excelentes logros. Y es el pecado, incluso del mejor de los santos, cuando ven cuán profundo es el conocimiento de Cristo, y qué esfuerzos deben tomar para cavar en busca de él, arrojar la pala del deber y clamar: “Cavar no podemos”. O “ya extraje suficiente de Cristo, ya no hay más de El”. A su trabajo, cristianos, a su trabajo; No dejéis que vuestra vela y sed de Jesús se apague: recluidos en su estudio, Biblia en mano, mirad qué inagotable es el conocer de El”.

Cuando pasemos a la eternidad y veamos su rostro, pasaremos de gloria en gloria, de eternidad en eternidad, conociéndolo mas, y aun no llegaríamos al 1% del evangelio del Señor Jesucristo!

Recordemos a Juan en su evangelio cuando dijo: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro”. (Jua 20:30) y también: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén”.  (Jua 21:25).

Solo en su Pasión y muerte hay un sin numero de profundidades que, con ya 2000 años de historia cristiana se siguen sacando innumerables pensamientos, poemas, canciones, estudios, millones de libros, sin contar la infinita piedad que genera de ella hacia la humanidad; amor, sacrificio, obediencia, justicia, victoria…

Es un serio error intentar añadir a nuestras iglesias, estrategias humanas, planes de prosperidad, y demás sabiduría humana, cuando tenemos ante nosotros la Diadema que brilla en nuestra Biblia, la fuente de todas las doctrinas: EL EVANGELIO DE JESUCRISTO.

William Macdonald dice:

“Jesús es Dios, y por ello mismo es infinito. No hay límite al significado de Sus palabras ni al número de Sus obras. Mientras Él estaba aquí en la tierra, era todavía el Sustentador de todas las cosas -el sol, la luna y las estrellas-. ¿Quién podría jamás describir lo que mantiene el universo en movimiento? Incluso acerca de Sus milagros sobre la tierra, sólo recibimos la descripción más sucinta. Pensemos en los nervios, músculos, corpúsculos sanguíneos y otros miembros que Él controlaba. Pensemos en Su control sobre los microorganismos, peces, y vida animal. Pensemos en Su conducción en los asuntos de los hombres. Pensemos en Su control sobre la estructura atómica de cada fragmento de materia en el universo. ¿Podría el mundo mismo posiblemente contener estos infinitos detalles? La respuesta es un «No» rotundo”.

Paul Washer en su Libro “El Llamado del Evangelio y la Conversión Verdadera” dice:

“El evangelio de Jesucristo es el más grande de todos los tesoros dado a la iglesia y al cristiano. No es un mensaje entre muchos otros, sino el mensaje sobre todos. Es el poder de Dios para salvación a los pecadores y la revelación más grande de la multiforme sabiduría de Dios para los hombres y los ángeles. Es por esta razón que el apóstol Pablo dio al evangelio el primer lugar en su predicación, esforzándose por proclamarlo claramente e incluso imprecando a aquellos que pervirtieran su veracidad.

Cada generación de cristianos es administradora del mensaje del evangelio, y, a través del poder del Espíritu Santo, Dios la llama a guardar este tesoro que le ha sido confiado. Si queremos ser fieles administradores, debemos concentrarnos en el estudio del evangelio, hacer todo lo posible por entender sus verdades, y comprometernos a guardar su contenido.

Al hacerlo así, aseguramos la salvación tanto para nosotros como para aquellos que nos escuchan. Uno de los crímenes más grandes cometido por la presente generación de cristianos es su descuido del evangelio, y es de este descuido que surgen otros males. No es tanto que el mundo perdido está endurecido hacia el evangelio sino que es más bien ignorante del evangelio, puesto que muchos de aquellos que proclaman el evangelio son ignorantes de sus verdades más básicas.

 Los temas esenciales que conforman la esencia del evangelio —la justicia de Dios, la depravación radical del hombre, la propiciación por sangre, la naturaleza de la conversión verdadera y la base bíblica de la seguridad— están ausentes de demasiados púlpitos. Las iglesias reducen el mensaje del evangelio a unas pocas declaraciones doctrinales, enseñan que la conversión es una decisión puramente humana y declaran seguridad de salvación sobre cualquiera que pronuncia la oración del pecador.

El resultado de esta reducción del evangelio ha tenido un enorme alcance. Primero, endurece los corazones de los no convertidos. Pocos de los “convertidos” hoy alguna vez se integran a la iglesia, y aquellos que lo hacen frecuentemente caen o tienen vidas marcadas por la carnalidad. Incontables millones caminan por nuestras calles y se sientan en las bancas de las iglesias sin ser cambiados por el verdadero evangelio de Jesucristo, aunque estén convencidos de su salvación porque alguna vez levantaron la mano en una campaña evangelística o repitieron una oración.

Este sentido falso de seguridad crea una enorme barrera que muchas veces aísla a los individuos de escuchar el verdadero evangelio. Segundo, este evangelio deforma a la iglesia de un cuerpo espiritual de creyentes regenerados a una reunión de hombres carnales que profesan conocer a Dios, pero lo niegan con sus hechos.

Con la predicación del evangelio verdadero, los hombres vienen a la iglesia sin esperar ser entretenidos con algún espectáculo, con actividades especiales o con la promesa de beneficios más allá de los ofrecidos por el evangelio. Aquellos que vienen lo hacen porque tienen un profundo anhelo por Cristo y están hambrientos por la verdad bíblica, la adoración sincera y oportunidades de servir. Cuando la iglesia proclama un evangelio inferior, se llena de hombres carnales que muestran poco interés por las cosas de Dios y se convierten en una carga para la iglesia.

La iglesia entonces baja las demandas radicales del evangelio a una moralidad conveniente, y la verdadera devoción a Cristo da paso a actividades diseñadas para satisfacer lo que sus miembros sienten como necesidades. La iglesia llega a estar impulsada por actividades en vez de estar centrada en Cristo, y filtra o empaqueta cuidadosamente la verdad de manera que no ofenda a la mayoría carnal. La iglesia deja a un lado las grandes verdades de la Escritura y el cristianismo ortodoxo; el pragmatismo (es decir, lo que sea que mantenga a la iglesia funcionando y creciendo) se convierte en la orden del día.

Tercero, este evangelio reduce el evangelismo y las misiones a poco más que un proyecto humanístico impulsado por estrategias de mercado ingeniosas, basadas en un cuidadoso estudio de las últimas tendencias en la cultura. Después de años de ser testigos de la falta de poder de un evangelio no bíblico, muchos evangélicos parecen estar convencidos de que el evangelio no funcionará y que el hombre se ha convertido en un ser muy complejo como para ser salvado y transformado por un mensaje tan simple y asombroso. Ahora hay más énfasis en tratar de entender nuestra cultura caída y sus modas pasajeras que en tratar de entender y proclamar el único mensaje que tiene el poder para salvarla.

Como resultado, el evangelio es constantemente empacado para que se ajuste a lo que la cultura contemporánea considera más relevante. Hemos olvidado que el verdadero evangelio es siempre relevante a toda cultura porque es la palabra eterna de Dios para todo hombre. Cuarto, este evangelio trae deshonra al nombre de Dios. A través de la proclamación de un evangelio inferior, los carnales y los inconversos se incorporan en la comunión de la iglesia, y, a través del casi total abandono de la disciplina eclesiástica bíblica, se les permite permanecer sin corrección o reprensión.

Esto mancha la pureza y la reputación de la iglesia, y es blasfemado el nombre de Dios entre los no creyentes. Al final, Dios no es glorificado, la iglesia no es edificada, los miembros inconversos de la iglesia no son salvados y la iglesia tiene poco o ningún testimonio para el mundo incrédulo. No es propio que nosotros como ministros o laicos estemos tan cerca y no hagamos nada cuando vemos “el glorioso evangelio del Dios bendito” ser reemplazado por un evangelio de menor gloria.

Como administradores de este encargo, tenemos la obligación de recuperar el único evangelio verdadero y proclamarlo con valentía y claridad a todos. Haríamos bien en prestar atención a las palabras de Charles Haddon Spurgeon:

En estos días me siento impulsado a ir, una y otra vez, a las elementales verdades del evangelio. En tiempos de paz nos sentimos libres de incursionar en los interesantes espacios de la verdad que yacen en la lejanía; pero ahora debemos permanecer en casa y vigilar las creencias fundamentales de la iglesia, defendiendo los principios básicos de la fe. En esta época se han levantado hombres en la propia iglesia que hablan de cosas perversas. Hay muchos que nos inquietan con sus filosofías y sus nuevas interpretaciones, con las que ellos mismos niegan las doctrinas que dicen enseñar y atacan la fe que ellos han prometido guardar. Es bueno que algunos de nosotros, que sabemos lo que creemos y no tenemos significados secretos para nuestras palabras, afinquemos nuestro pie y nos mantengamos firmes, defendiendo la palabra de vida y declarando llanamente las verdades fundamentales del evangelio de Jesucristo.

A que esperamos por estudiar, conocer y amar más a nuestro Campeón y Rey Jesucristo?

Edwing Piñango.



 

 

 

 

 

 

 

jueves, 6 de agosto de 2020

DISERTACIONES SOBRE NOTAS DE ESTUDIOS VARIAS

Pon sobre él a un impío. ¿Qué peor castigo puede tener? El orgulloso no puede resistir al orgulloso, ni el opresor tolerar a otro que gobierne como él. El justo, en su paciencia, halla el gobierno de los malvados una amarga servidumbre; pero los que están llenos de pasión, de resentimiento y aspiraciones altivas son esclavos verdaderamente cuando otros de su propia clase empuñan el látigo sobre ellos.
 
Para Herodes, ser gobernado por otro Herodes sería una gran desgracia, y, con todo, no podría haber retribución más justa. ¿Qué hombre injusto puede quejarse de verse gobernado por otro como él? ¿Qué puede esperar un hombre perverso sino que los que le gobiernen sean como él? ¿Quién no admira la justicia de Dios cuando ve a los crueles romanos gobernados por Tiberio o Nerón, o a los revolucionarios franceses por Marat o Robespierre? C. H. S.
 
Y Satanás esté a su diestra. ¿No debería ser así? ¿No debería el padre de la mentira estar al lado de sus hijos? ¿Qué amigo mejor para el adversario de la justicia que el gran adversario mismo? La maldición es terrible, pero es muy natural que ocurra: los que sirven a Satanás pueden esperar tener su compañía, su ayuda, sus tentaciones y, finalmente, su sentencia. C. H. S.
 
Los hombres dicen: «Mi pecado ha de ser denunciado, no yo.» ¡Qué libertinaje no resultaría de ello para el pecado! Mi naturaleza corrompida diría: «Si no soy condenada, sino sólo mi pecado, puedo hacer lo que me plazca; no se me llamará a cuentas por ello. Me gusta pecar y puedo seguir haciéndolo.» Esto es lo que los hombres habrían dicho. No habría habido esfuerzo para librarse del pecado. ¿Por qué debería haberlo si sólo se condena al pecado y no al pecador? Pero el pecado del hombre es identificado con él, y esto le hace temblar. La ira de Dios cae sobre él a causa de su pecado. La condenación está esperándole a causa de su pecado. Esto le acucia a librarse de él. 

Frederick Whitfield. (Nota del 3 de julio 2020).

2 Tesalonicenses 1:8 NOTA CONTRA LOBBY LBGTI

1:8 en llama de fuego, (Isa_66:15-16; 2Pe_3:7-12) para dar retribución - Retribuir quiere decir pagar, recompensar. En realidad lo que el hombre reciba en Aquel Día será lo que él mismo habrá ganado : véase Rom_2:5 “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: 7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, 8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; 9 tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, 10 pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; 11 porque no hay acepción de personas para con Dios”. El hombre gana, atesora, para sí mismo “ira para el día de la ira”. Es el premio por el cual ha trabajado. 
-- a los que no conocieron a Dios, -- “ Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste (Jua_17:25). “Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio” (Hch_17:23). 
¿Nunca habían oído estos de Dios? ¿Por qué no conocieron a Dios? Esto no significa que nunca habían tenido la oportunidad de conocer a Dios. Pablo explica en Rom_1:19-21 que “lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”. El problema fue que “ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios” (Rom_1:28). Son como Faraón que dijo, “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz?” (Éxo_5:2). “Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses” (Gál_4:8). Véase Efe_4:18-19. 
Pero no sólo los gentiles, sino también los judíos se incluyen entre los que no conocieron a Dios. Recuérdese que la persecución de los hermanos de Tesalónica fue causada por los judíos (Hch_17:5; véase 1Ts_2:14-16). Jua_8:55 (“vosotros no le conocéis”); 15:21 (“no conocen al que me envió”). Según estos textos muchos de los mismos hijos de Abraham, Isaac y Jacob, el pueblo escogido de Dios, no conocieron a Dios. ¿Por qué no le conocieron? (1) Porque “ni tenéis su palabra morando en vosotros” (Jua_5:38); “Erráis, ignorando las Escrituras” (Mat_22:29). (2) Porque no conocieron a Cristo; es decir, no lo aceptaron como el Hijo de Dios: Jua_14:7, “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais”. Es imposible conocer a Dios sin conocer a Cristo. “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Jua_1:18). “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jua_17:3). 
Para los “sabios” de este mundo el evangelio es locura, como Pablo explica en 1Co_1:21, “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”. Actualmente el humanismo, la evolución y muchas otras filosofías son la sabiduría humana que llena la mente del hombre para que no oiga el evangelio para conocer a Dios. Pablo explica lo que estaba haciendo al predicar el evangelio: “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2Co_10:5). 
Otros que profesaron conocerle eran los gnósticos, pero las cartas de Juan los exponen como falsos (véase 1Jn_2:4). Como Pablo dice en Tit_1:16, “profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan”. 
Muchos no conocen a Dios porque creen y practican la doctrina de los hombres (Mat_15:8-9; Col_2:22-23). “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso” (1Jn_2:3). Jesús dice en Mat_7:21, “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. 
Aun entre los miembros de la iglesia del Señor hay personas que no conocen a Dios: “Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo” (1Co_15:34). Los hermanos corintios que negaron la resurrección no conocieron a Dios. Lo mismo se puede decir de cualquier hermano que practique o enseñe error doctrinal. 
-- ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; -- Estas dos expresiones son paralelas, pues los que no obedecen al evangelio de Cristo son los que no conocen a Dios. Los evangélicos casi no usan la expresión, “obedecer al evangelio”, porque enseñan que el hombre se salva por la fe sola, pero muchos textos hablan de obedecer para obtener la salvación: “el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen” (Hch_5:32); “muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hch_6:7); “por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe” (Rom_1:5); “pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia” (Rom_2:8); “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Rom_6:17-18); “Mas no todos obedecieron al evangelio” (Rom_10:16); “se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe” (Rom_16:26); “¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?” (Gál_5:7); “vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Heb_5:9); “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad” (1Pe_1:22); “¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1Pe_4:17). Estos y muchos otros textos nos hacen ver que es imposible ser salvos sin obedecer al evangelio. Jesús dice la misma cosa en Mat_7:21, “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. 
Hechos de los Apóstoles relata la conversión de muchos judíos, samaritanos y gentiles. Todos estos obedecieron al evangelio de Cristo para ser salvos: (1) Pedro dijo a los judíos en el día de Pentecostés: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo … Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil persona” (Hch_2:38; Hch_2:41); (2) “Pero cuando (los samaritanos) creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hch_8:12); (3) Hch_8:1-40, “35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”; (4) Después de predicarle el evangelio, Ananías dijo a Saulo de Tarso, “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hch_22:16); (5) Pedro predicó el evangelio a Cornelio y su casa y “mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús” (Hch_10:48); (6) Lidia estaba atenta a lo que Pablo decía y “fue bautizada, y su familia” (Hch_16:14-15); (7) el carcelero de Filipos oyó la predicación del evangelio y “tomándolos en aquella misma hora de la noche … se bautizó él con todos los suyos” (Hch_16:33); (8) “muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hch_18:8). Estos son los ejemplos que todos deben seguir para obedecer al evangelio. Tomando estos textos en conjunto observamos que estas personas oyeron el evangelio, creyeron en Cristo como el Hijo de Dios, se arrepintieron de sus pecados, confesaron a Cristo y fueron bautizados (sumergidos) en agua para perdón de los pecados. 
El rey Saúl recibió el siguiente mandamiento de Dios: “Vé, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1Sa_15:3), pero Saúl desobedeció a Dios: “Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron” (1Sa_15:9). Dijo que trajeron los animales engordados, etc. para ofrecerlos en sacrificio a Dios, pero ¿Dios aceptó eso? Siga leyendo 1Sa_15:22, “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”. 
Siempre seamos, pues, “hijos obedientes” (1Pe_1:14).

Feliz el hombre que acierta el término medio exacto obrando de modo que crea en Dios, y creyendo en Dios de modo que obre sin temor. C. H. S.



domingo, 28 de junio de 2020

EL DIOS DE HOY EROS Y LA PERVERSION DE LA SOCIEDAD

EL DIOS DE HOY EROS Y LA PERVERSION DE LA SOCIEDAD

Lo erótico versus lo espiritual (A.W TOZER)

El período en el cual vivimos ahora bien pudiera ser recordado en la historia como la Era Erótica. El amor sexual se ha elevado al rango de un culto. El dios Eros tiene más adoradores entre los hombres civilizados de hoy que cualquier otro dios. Para millones de individuos, lo erótico ha desplazado por completo lo espiritual.

No es difícil trazar la trayectoria de cómo el mundo ha llegado a este estado. Los factores contribuyentes son el disco y la radio, que pueden difundir una canción de amor de costa a costa dentro de pocos días; la película de cine y la televisión, que permiten a la población deleitar la vista en mujeres sensuales y jóvenes enamorados en abrazos apasionados (¡y esto en las salas y salones de hogares «Cristianos» y a la vista de los ojos de niños inocentes!); horas de trabajo más cortas y una multiplicidad de electrodomésticos y artículos mecánicos para el hogar con el resultado de más horas libres para todos. Debiésemos añadir a esto las astutas campañas publicitarias ideadas, inventadas e ingeniadas para hacer del sexo el cebo no muy bien disimulado ni escondido para atraer a los compradores a casi todos los productos imaginables; los columnistas y periodistas degenerados que han consagrado sus vidas a la tarea de la publicidad de suaves, sensuales niñas con caras de ángeles y las normas morales de gatas de callejón; novelistas sin conciencia que ganan una fama dudosa y se hacen ricos por la tarea de excavar las putrefacciones literarias de los alcantarillados de las almas que proveen entretenimiento a las masas. Estos factores mencionados anteriormente nos revelan cómo Eros ha conseguido su triunfo sobre el mundo civilizado.

Si este dios Eros nos dejara solos y tranquilos a nosotros los cristianos, yo, por mi parte, dejaría solo y tranquilo a este culto pagano. Toda esta fétida suciedad, sin peso ni sustancia, caerá por su propio peso y se convertirá en estopa y pabilo para el Infierno, una justa recompensa que le corresponde, y para nosotros nos incumbe compasión por aquellos que han sido cogidos en su trágico colapso. Las lágrimas y el silencio podrían ser más apropiadas que las palabras si la situación fuera diferente a la realidad. Pero el culto a Eros está afectando seriamente a la Iglesia. La religión de Cristo, pura y sin mácula, que fluye como un río cristalino desde el corazón de Dios, se está contaminando con las aguas turbias y enlodadas que gotean y se escurren desde atrás de los altares de abominación que aparecen sobre cada monte alto y bajo todo árbol frondoso.

La influencia del espíritu erótico se cierne y siente en casi todos los círculos evangélicos por todas partes. Muchas de las canciones en cierta tipo de reuniones tiene más de romance que del Espíritu Santo. Tanto las palabras como la música tienen por designio despertar lo libidinoso. A Cristo se le corteja con una familiaridad que revela su total ignorancia de quien Él es. No es la reverente intimidad del santo que adora sino la imprudente familiaridad del amante camal.

La ficción, o las novelas, o historietas religiosas también hacen uso del sexo para interesar al público lector. La excusa o disculpa, que no sobrepasa el grosor del papel, que suelen presentar es que si el romance y la religión se entretejen en una historia, la persona común y corriente que no leería un libro puramente religioso, leerá la historia y de esta manera tendrá contacto y exposición al Evangelio. Dejando de lado el hecho que la mayoría de los novelistas religiosos modernos no son más que aficionados amateur caseros, muchos de los cuales no serian capaces de escribir una línea de literatura siquiera medianamente regular, todo el concepto detrás de la novela religiosa romántica no tiene fondo ni peso. Los impulsos libidinosos y el dulce mover del Espíritu Santo son diametralmente opuestos entre sí. La noción o idea que Eros pudiera servir como un ayudante del Señor de la gloria es una afrenta injuriosa, un ultraje violento. La película «Cristiana» que busca atraer asistentes filmando escenas de amor sensual en su publicidad es completamente falsa a la religión de Cristo. Los únicos que serán atrapados en esta red son los ciegos espirituales.

La belleza física y las personalidades bulliciosas tan en boga en la promoción religiosa son una manifestación adicional de la influencia del espíritu romántico en la Iglesia. El movimiento rítmico, la sonrisa sintética y la voz muy por demás melosa delatan al mundano religioso. Él ha aprendido su técnica de la pantalla de televisión, pero no la ha captado ni dominado bastante bien para tener éxito en el campo ni mundo profesional, así que trae su producción inadecuada a los lugares santos para comercializarlos a los Cristianos decadentes y enanos en estatura espiritual que están buscando algo para entretenerles mientras que permanecen dentro de los límites y bordes de las costumbres de la religión contemporánea.

Si mi lenguaje les parece severo, debiésemos recordar que no se dirige a ningún individuo en particular. Hacia el mundo de hombres perdidos no me resta nada más que la más profunda compasión y un deseo que todos procedan al arrepentimiento. Pero los cristianos cuyo liderazgo vigoroso pero mal dirigido ha seducido a la iglesia moderna del altar de Jehová a los altares del error, les conservo un genuino amor y simpatía. Quisiera ser el último en injuriar y perjudicarles y el primero en perdonarles, recordando mis propios pecados pasados y mi necesidad de misericordia, como también mis propias debilidades y mi tendencia e inclinación natural hacia el pecado y el error.

El asna de Balaam fue usada por Dios para reprender a un profeta. De esto pareciera que Dios no requiera gran perfección en el instrumento que Él usa para advertir y exhortar a Su pueblo. Cuando las ovejas de Dios están en peligro, el pastor no debe contemplar los cielos v meditar sobre temas «inspiracionales». Tiene la obligación moral de coger su arma y correr en su defensa. Cuando las circunstancias lo requieran, el amor puede usar la espada, aunque por su naturaleza preferiría vendar el corazón roto y administrar sanidad y salud a los quebrantados. Ha llegado la hora en que el profeta y el vidente se hagan oír de nuevo. Durante las últimas décadas, la timidez disfrazada de humildad se ha escondido en su rincón mientras que la calidad espiritual del Cristianismo espiritual ha deteriorado paulatinamente empeorando de año en año.

¡Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo!

Tomado del Libro: “Nacidos después de Medianoche” por A.W Tozer.


viernes, 26 de junio de 2020

ESTUDIO SOBRE 2 TESALONICENSES 2:3

ESTUDIO SOBRE 2 TESALONICENSES 2:3

 

Leamos el pasaje:

“Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos,  (2)  que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca.  (3)  Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición,  (4)  el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.  (5)  ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?  (6)  Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste.  (7)  Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.  (8)  Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;  (9)  inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos,  (10)  y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.  (11)  Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira,  (12)  a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”.

2Ts 2:1-12 RV1960 

ANALIZANDO EL PASAJE (COMENTARIO HENDRIKSEN A TESALONICENSES CAPITULO 2)

Muchos de los aspectos de la descripción de Pablo tocante al grande y final príncipe de la maldad (Hombre de pecado o anticristo) se derivan del libro de Daniel:

(1) “El hombre de desafuero”, cf. Daniel 7:25; 8:25.

(2) “el hijo de perdición”, cf. Daniel 8:26.

(3) “el que se opone”, cf. Daniel 7:25.

(4) “y se exalta contra todo lo (que es) llamado Dios o adorado”, cf. Daniel 7:8, 20, 25; 8:4, 10, 11.

(5) “de modo que se sienta en el santuario de Dios, proclamándose ser Dios”, cf. Daniel 8:9–14.

Esto no ha de extrañarnos, puesto que “el cuerno pequeño” de Daniel 7, el que creció después de los otros diez, es el anticristo, y “el cuerno pequeño” de Daniel 8, el cual salió de uno de los cuatro notables cuernos, es Antíoco Epífanes, el más conspicuo precursor del anticristo, el que profanó el templo de Jerusalén erigiendo un altar pagano sobre el altar del sacrificio, y luego ofreciendo sacrificios sobre él (lo cual fue un “horror espantoso” a los ojos de todo verdadero creyente).

Además, en Mt. 24:15 (cf. Mc. 13:14) “la abominación desoladora” (“horror espantoso”) de que habla Jesús se deriva de Daniel 11:31; 12:11 (tal vez no directamente de Dn. 9:27). La historia, en cierto sentido, se repite. Mejor dicho: la profecía se realiza en múltiples cumplimientos. El pensamiento básico es siempre el mismo. La ciudad de Dios y el santuario son profanados, ya por Antíoco Epífanes y sus sacrílegas ofrendas (Dn. 8:9–14; cf. “Gog” en Ez. 38 y 39), por los ejércitos romanos y sus normas idólatras (Lc. 21:20; Mc. 13:14); o finalmente por el anticristo mismo.

Ahora con respecto al anticristo final tal como lo describe Pablo, el pasaje que estamos tratando (2 Ts. 2:3b, 4) declara lo siguiente:

El es “el hombre de desafuero” (un semitismo), esto es, el hombre en quien se encarnará, por decirlo así, la oposición a la ley de Dios, la personificación misma de la rebelión contra las ordenanzas de Dios.

Es también “el hijo de perdición (otro semitismo), el Judas final, véase C.N.T. sobre Juan 17:12. Cf. La observación de David a Natán, “el hombre que ha hecho esto es hijo de muerte” (2 S. 12:5; i.e., ciertamente debe morir); y cf. también Mateo 23:15; “hijo del infierno”. Al hombre de desafuero se le describe aquí como alguien absolutamente perdido, destinado a perdición.

Todavía más, se le describe como “el que se opone”. Esta palabra (ἀντίκειμαι, aquí ὁ ἀντικείμενος) se halla ocho veces en el Nuevo Testamento (Lc. 13:17; 21:15; 1 Co. 16:9; Gá. 5:17; Fil. 1:28; 2 Ts. 2:4; 1 Ti.1:10; 1 Ti. 5:14). Se usa ya como verbo (finito) o como substantivo participio (como aquí).

El hombre de pecado es el adversario de Dios, de la ley de Dios, del pueblo de Dios, etc. Como tal, nos recuerda de inmediato a su maestro, Satanás, quien es “el gran adversario”.

En muy estrecha relación con esta actividad opositora resalta el hecho de que este adversario que aparecerá en el tiempo del fin “se exalta contra todo lo (que es) llamado Dios o recibe adoración”.

En su imprudente audacia y feroz insolencia se ensalza a si mismo (ὑπεραιρόμενος) no sólo contra el Dios verdadero quien se ha revelado en Jesucristo y contra los así llamados dioses, sino además contra todos los objetos sagrados, y contra todo lo que se relacione con cultos sagrados. Se refiere probablemente a objetos tales como templos, lugares de Arde en ira contra todos ellos. Reconoce solamente un dios (ello deletrearía con mayúscula: Dios), a saber, ¡él mismo! De ahí que se sienta en el santuario (el término ναός en su sentido primario, a diferencia de ἰερόν, se refiere generalmente al santuario mismo antes que a todo el complejo arquitectónico) de Dios, a saber, en la iglesia (véase 1 Co. 3:16; 6:19; 2 Co. 6:16; Ef.2:21; y véase C.N.T. sobre Ef. 2:19–22), puesto que el término ναός se usa aquí claramente en forma metafórica.

Se arroga autoridad sobre el pueblo de Dios. Por supuesto, ellos no reconocerán a este violento usurpador, y rehusarán rendirle homenaje. La consecuencia será gran tribulación para ellos (Mt. 24:15;21, 22, 29). “Puesto donde no debe estar”, proclama o públicamente declara ser Dios mismo. En el griego de aquella época el verbo (ἀποδείκνυμι) era usado para proclamar una designación para un oficio público.

Es aleccionador observar que la explicación que he dado con respecto al pasaje del “hombre de pecado” está en armonía con la que recibió el apoyo de los primeros escritores eclesiásticos. Ellos lo entendieron como una profecía referente a una persona definida que viviría en la tierra al final de la historia y que sería totalmente derrotada por Cristo a su regreso. La iglesia no debió jamás haberse apartado de esta interpretación. He aquí algunas citas:

CITAS DE PADRES DE LA IGLESIA Y DOCUMENTOS AL INICIO DE LA ERA CRISTIANA:

La Didaché (“Enseñanza de los doce apóstoles”)

“… A medida que aumente el desafuero se odiarán unos a otros y se perseguirán y traicionarán, y entonces aparecerá el engañador del mundo como un Hijo de Dios, y hará señales y maravillas … Y entonces aparecerán las señales … primero, la señal extendida en el cielo, luego la señal del sonido de la trompeta, y tercero la resurrección de los muertos” (XVI. iv–vi).

Justino Mártir, Diálogo con Trifo

“¡Qué hombres estúpidos! puesto que no han podido entender lo que se ha enseñado mediante todos estos pasajes, a saber, que han sido anunciados dos advenimientos de Cristo, el primero, en el cual se le muestra sufriendo, sin gloria, sin honor, sujeto a crucifixión, y el segundo, en el cual vendrá desde los cielos en gloria, cuando el hombre de apostasía, que habla cosas arrogantes contra el Altísimo, intentará atrevidamente perpetrar hechos ilegales contra nosotros los cristianos” (CX).

Agustín, De Civitate Dei (“Concerniente a la Ciudad de Dios”)

Al comentar sobre 2 Tesalonicenses 2:1–11 dice: “No cabe dudas que lo que se halla aquí se refiere al anticristo y al día del juicio, o como Pablo lo llama, el día del Señor …” (XX. xix).

En el mismo capítulo señala que aun en sus días la interpretación que nos aleja del único anticristo final hacia una gran multitud de anticristos ya estaba comenzando a ser popular; también agrega que la teoría de Nerón Redivivus, en sus dos formas, es muy forzada.

Habiendo ya discutido la naturaleza del hombre de pecado en forma extensa, podemos resumir la idea expresada en los versículos 3 y 4 como sigue:

El día de la gloriosa venida de Cristo no vendrá hasta que la apostasía haya llegado a ser un hecho y el hombre caracterizado por un total desprecio por la ley, hombre que con toda certeza está bajo condenación, sea revelado, de modo que tanto él mismo como su programa de acción sean visibles a todos, y el velo que ahora lo esconde de la vista (porque hasta aquí él es solamente una idea en la mente de Satanás) haya sido descorrido.

6, 7. Pablo continúa: Y lo que ahora está reteniendo (‐le) vosotros sabéis, a fin de que él sea revelado en su tiempo apropiado. 7 Porque el misterio de desafuero está ya obrando, (pero como misterio) solamente hasta que el que ahora (le) retiene, sea quitado de en medio.

Entendemos fácilmente que “el misterio de desafuero” esté ya en operación. Aun en los días de Pablo la rebelión contra Dios y sus ordenanzas se hallaba presente en el mundo. Sin embargo, no era evidente de que algún día este espíritu de desafuero se encarnaría en “el hombre de desafuero”. Esto era todavía un misterio (cf. Ro. 11:25; 1 Co. 15:51; Ef. 5:22); vale decir, una verdad desconocida aparte de la divina revelación especial. En la malvada oposición al evangelio, que mostraron algunos de los que conocían el camino, Pablo vió, como resultado de divina revelación e iluminación, una clara señal de aquel siniestro movimiento que algún día culminaría en el reinado del anticristo. Lo que el apóstol escribe se puede comparar con la declaración de Juan diciendo que el espíritu del anticristo está ya en el mundo, y que ahora muchos anticristos se han levantado (1 Jn. 4:3; 2:18).

Mucho más difícil de contestar es la pregunta, “¿Qué significa lo que o el que ahora está reteniendo (-le)” de ser revelado como “el hombre de desafuero”?

A fin de acercarnos correctamente a esta pregunta, es necesario ante todo determinar la traducción correcta. En las obras de comentaristas el verbo en cuestión (κατέχω) ha sido traducido en tres formas diferentes: a. retener o refrenar, b. sujetar o aferrar, y c. dominar o gobernar.

Comenzando por la última, el significado podría llegar a ser:

“Y lo que ahora está dominando (es decir, el misterio de desafuero) vosotros sabéis, a fin de que él (Cristo) sea revelado en su tiempo apropiado. Porque el misterio de desafuero está ya obrando, solamente hasta que el que ahora domina (es decir, Satanás) sea quitado de en medio”.

Podemos rechazar ésta de inmediato. No solamente es difícil de ajustar este significado al contexto presente, sino también: aunque el verbo aparece más o menos frecuentemente en el Nuevo Testamento, ni una vez (en cualquiera de los otros pasajes del Nuevo Testamento) tiene este significado (dominar).

El segundo significado (sujetar, aferrar) y el primero (retener, refrenar) están estrechamente relacionados, y al fin es probable que lleguen al mismo resultado en la interpretación de todo el pasaje. Recurriendo a pasajes tales como Job 7:12 (colocando guarda sobre un monstruo marino), Apocalipsis 20:1–3 (atando al dragón por mil años), y pasajes de los apócrifos, se pretende defender el punto de vista de

que al hombre de desafuero se le compara aquí con un ser mitológico (un dragón o un monstruo marino) el cual es retenido por ahora. Sin embargo, debe tenerse presente que el “dragón” en Apocalipsis 20 es un símbolo, y no representa al instrumento de Satanás sino a Satanás mismo. Y aun así el significado resultante del símbolo es el refrenamiento de Satanás, de modo que no pueda engañar más a las naciones hasta que los mil años sean cumplidos. Por lo tanto, una apelación a Apocalipsis 20, si es legítima, parecería apoyar la traducción retener, refrenar tan fácilmente como aferrar, sujetar. Algo parecido puede decirse en lo que respecta al pasaje de Job 7:12. Y en cuanto a los pasajes de los apócrifos, éstos ofrecen muy poco que sea de algún valor al respecto. Además, si el hombre de pecado está siendo sujetado, es con un propósito, propósito que en el contexto presente (en vista de lo que sigue inmediatamente en los versículos [p 209] 8 y 9) es refrenarlo por el momento para impedir que sea revelado.

En el Nuevo Testamento los varios significados del verbo pueden ser clasificados como sigue (aunque en lo que respecta a algunos existe cierta duda):

(1) poseer, tener, sujetar: 1 Corintios 7:30; 2 Corintios 6:10.

(2) tomar posesión de: Lucas 14:9.

(3) aferrar, guardar: Lucas 8:15; Romanos 7:6 (pero algunos clasificarían esto bajo el cuarto encabezamiento); 1 Corintios 11:2; 15:2; 1 Tesalonicenses 5:21 (véase sobre ese pasaje); Hebreos 3:6, 14; 10:23. Es posible que el sentido de la palabra según se usa en Hechos 27:40 no esté muy alejada de éste. Ellos “enfilaron hacia” (o fueron rumbo a) la playa.

(4) retener, refrenar, detener: Lucas 4:42 (la multitud procuraba detenerle, para impedirle que se fuera de ellos); Romanos 1:18 (hombres malvados que detienen o suprimen la verdad); Filemón 13 (Pablo hubiera deseado retener a Onésimo). En el contexto presente este significado tiene excelente sentido.

Tiene abundante apoyo en los pergaminos (véase M.M., pp. 336, 337).

Adoptando el significado (4) como el más natural en el contexto presente, nos hallamos cara a cara con el problema de identificar al que retiene. En este punto, sin embargo, los tesalonicenses estaban más adelantados que nosotros en su conocimiento de la escatología. Ellos sabían. Nosotros no. Agustín en sus días confesó francamente que aun haciendo grandes esfuerzos no se hallaba en condiciones de descubrir lo que el apóstol quiso decir (Concerniente a la ciudad de Dios. XX. xix).

Algunas interpretaciones muestran su error aun a simple vista (tales como, “Pablo”, “Dios”, “el Espíritu Santo”). Dios o el Espíritu Santo no son “quitados de en medio” (expresión que a pesar de la objeciones que se han presentado, es buen equivalente del griego ἐκ μέσου γίνεσθαι); cf. también Col. 2:14.

De todas las teorías propuestas hasta ahora, la que parece tener más peso a su favor es aquella según la cual el que retiene es “el poder del bien ordenado gobierno humano”, “el principio de la legalidad contrapuesto al de la ilegalidad” (véase el Comentario de Ellicott sobre este pasaje).

Según este punto de vista Pablo quiere decir que en tanto que la ley y el orden prevalezcan, el hombre de desafuero no puede aparecer en la escena de la historia con su programa de injusticia, blasfemia, y persecución sin precedentes.

En favor de este punto de vista nótese lo siguiente:

a. En cierto modo el contexto a su favor: “el hombre de desafuero” está siendo detenido por el dominio de la ley.

b. Explica como Pablo puede hablar a la vez de “lo que retiene” [p 210] y “el que retiene”. Piénsese en el imperio y el emperador, en la justicia y el juez, en la ley y el que la hace cumplir.

c. Esto (o algo por el estilo) es el punto de vista más frecuentemente expresado por los padres de la iglesia. Tertuliano, comentando sobre este pasaje, declara: “¿Qué obstáculo hay sino el estado romano?” (On the Resurrection of the Flesh, XXIV.)

d. Está a su favor el hecho de que Pablo se sentía orgulloso de su ciudadanía romana, que le fue útil vez tras vez, aun aquí mismo en Corinto en donde esta epístola fue escrita (Hch. 18:12–17).

Además, en un bien conocido capítulo de otra epístola habla del poder del estado romano como “ministro de Dios para tu bien”, y de los gobernantes como “un terror no en contra de la buena sino de la mala conducta”

(Ro. 13).124 Podemos decir sin temor a equivocarnos, por lo tanto, que el apóstol consideró al gobierno y sus administradores como un freno para el mal.

e. Es una teoría razonable también dado al hecho de que en cierto sentido ni la ley romana ni su orden murieron cuando el imperio cayó. En el mundo civilizado de hoy está todavía en vigencia. Sin embargo, cuando la estructura básica de justicia desaparece, y cuando los juicios falsos y las confesiones fraudulentas llegan a ser la norma del día, el escenario se halla preparado para la revelación del hombre de desafuero.

La teoría según la cual Miguel o algún otro ángel es el que ata, refrena o retiene al anticristo (los que la favorecen apelan a pasajes tales como Dn. 10:13 y Ap. 20:1–3) no explica cómo tal ángel puede ser llamado a la vez “el que” y “lo que” retiene. Sin embargo estas dos últimas teorías mencionadas—es decir, a. que lo que retiene es la ley y el orden y los que la hacen cumplir, y b. lo que retiene es un ángel— podrían no ser tan dispares como aparentan serlo. ¿Acaso las disposiciones de los gobernantes no son influidas por los ángeles? (véase Dn. 10:13, 20).

Repetimos, no obstante, que el punto de vista que hemos considerado como el mejor que se haya ofrecido hasta ahora, según nuestra opinión, bien podría no ser el correcto. No hay certeza alguna en cuanto a este punto.

En consecuencia, el sentido de todo el pasaje (versículos 6 y 7) parece ser el siguiente: En tanto que Satanás está perfectamente enterado de que él mismo no puede encarnarse, sin embargo quisiera imitar a la segunda persona de la Trinidad también en este aspecto hasta donde le fuese posible. Desea ardientemente la presencia de un hombre sobre el cual pueda tener completo control, y que cumplirá su voluntad así como Jesús cumplió la voluntad del Padre. Ha de ser un hombre de talentos sobresalientes.

Pero hasta el momento el diablo ha fracasado en su intento de poner este plan en operación. Algo y alguien está siempre “reteniendo” al hombre de desafuero, necesario instrumento del engañador. Esto, por supuesto está ocurriendo bajo dirección divina. De ahí que, por el momento, lo máximo que Satanás puede hacer es promover el espíritu de desafuero. Pero esto no le satisface. Es como si él y su hombre de pecado estuviesen aguardando el tiempo. En el momento divinamente decretado (“el tiempo apropiado”) cuando, en castigo por la cooperación voluntaria de los hombres con este espíritu, el designado como “alguien” y “algo” que ahora retiene sea quitado, Satanás comenzará a llevar a cabo sus planes:

8. Y entonces será revelado el sin ley. Este “entonces” está en contraste con el “ahora” del versículo 6: “ahora” “el sin ley” es retenido, pero “entonces” será revelado. “El sin ley” es lo mismo que “el hombre de desafuero” introducido en el versículo 3, vale decir, el antagonista final, el que abiertamente desafía todas las ordenanzas de Dios, el anticristo. Cuando el tiempo apropiado llegue, el programa de Satanás será realizado en forma visible. El misterio será reemplazado por el hombre. El sin ley aparecerá en la tierra y será revelado en sus palabras y hechos.

A fin de alentar a los creyentes, que de otro modo podrían estar llenos de injustificable alarma, Pablo inmediatamente añade: a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, y derrotará totalmente por la manifestación de su venida.

No habrá un prolongado conflicto, con la victoria aparentamente alternando entre el sin ley y Cristo, este “round” a favor de Satanás, el otro para Cristo. Este asunto será liquidado en un instante. El Señor Jesús (véase sobre 1 Ts. 1:1) en forma muy breve y decisiva pondrá fin al anticristo y su programa. Toda la descripción es simbólica. Las dos cláusulas son paralelas, no significando esto necesariamente que las dos son completamente idénticas en significado. La primera cláusula enfatiza lo que sucederá al sin ley mismo: será matado (lo cual en esta conexión se ha interpretado [p 212] como significando que será castigado con muerte eterna, pero la idea de recibir primero muerte física no debe excluirse). El Señor simplemente soplará sobre él, tan veloz será su destrucción. La segunda cláusula indica también lo que le ha de suceder, tal vez con la idea adicional: en relación con su programa de actividades. También en

este respecto será “abolido”, “completamente derrotado”, “arruinado”, “inutilizado”, “vuelto inoperante o inactivo” (καταργέω; verbo usado por Pablo con mucha frecuencia y casi confinado sólo a él en el Nuevo Testamento; en lo que respecta al grado particular de significado en la presente relación véase especialmente pasajes tales como Ro. 3:31; 4:14; 1 Co. 1:28; Gá. 3:17; Ef. 2:15; 2 Ti. 1:10). En relación paralela a “aliento de su boca” está “manifestación de su venida”. La apariencia misma (ἐπιφάνεια, epifanía, que en otros lugares del Nuevo Testamento solamente se halla en las pastorales: 1 Ti. 6:14; 2 Ti.1:10; 4:1, 8; Tit. 2:13) de la venida de Cristo (Parousía; véase sobre 1 Ts. 2:19), el primer destello del advenimiento, será suficiente para arruinar al sin ley, para inutilizarlo.

El aspecto total, veloz, y repentino de la derrota del anticristo se describe aquí en lenguaje simbólico. El carácter decisivo de su caída es el pensamiento único y central. Simplemente por el aliento y apariencia de Cristo el “hombre de desafuero” será derrotado. No se debe tratar de sacar más de este pasaje. Por ejemplo, no se debería comenzar a embellecer la interpretación argumentando que “el aliento de su boca (de Cristo)” significa la Palabra de Dios, que esta palabra es siempre efectiva, etc. Si hay necesidad de mayor comentario debe leerse Isaías 11:4 y Apocalipsis 1:16. 9, 10. Habiendo consolado a los lectores con el pensamiento de la decisiva intervención del Señor Jesús al venir a juzgar, de modo que el pasaje relacionado con el final antagonista pierde todo su terror para los que creen, Pablo da ahora una más amplia descripción del carácter del sin ley y de su actividad.

Se podría decir que la descripción ya comenzada en el versículo 4 continúa aquí; pero con la siguiente diferencia: en tanto que el versículo 4 describió la relación del anticristo con el reino divino, los versículos 8 y 9 exponen su relación con el reino del mal: (aquel) cuya venida es según la operación de Satanás, acompañada de todo poder y señales y prodigios mentirosos y por todo engaño que se origina en la injusticia para los que están pereciendo porque no aceptaron el amor por la verdad para que fuesen salvos.

La venida o parousía del sin ley (para el significado del término véase sobre 1 Ts. 2:19) está (presente profético: lo será ciertamente) en completo acuerdo con la poderosa actividad de Satanás, su amo.

Aquella “operación de Satanás” será la base de comparación. De ahí que esta venida será acompañada por (o: investida con) todo poder y señales y prodigios; vale decir, habrá grandioso despliegue de poder (δύναμις, cf. dinamita); habrá señales (σημεῖα), hazañas sobrenaturales que apuntarán hacia el que los realiza, a saber, el anticristo controlado por el diablo (véase C.N.T. sobre Jn. 2:11); y prodigios o maravillas (τέρατα), las mismas pasmosas hazañas vistas ahora bajo el aspecto de su carácter insólito y su efecto sobre los que las presencian. Pero todo este despliegue (poder, señales, prodigios) será producto de la falsedad, del deseo de engañar. Por eso sigue, “y por todo engaño que se origina en la injusticia”. El sustantivo engaño es usado por Pablo también en Col. 2:8 (“filosofías y huecas sutilezas”; y véase el verbo compuesto, derivado de la misma raíz, en 2 Ts. 2:3). El engaño será inspirado por la injusticia. Esto no ha de sorprendernos, puesto que el anticristo recibe su energía del diablo mismo. Véase también C.N.T. sobre Juan 8:44.

Ahora bien, la venida del final antagonista, con su poder mentiroso, sus señales y maravillas, aunque observado por creyentes y no creyentes, tiene su efecto engañador sobre los que están pereciendo (i.e. los que entonces estén pereciendo); cf. 1 Co. 1:18; 2 Co. 2:15; 4:3. La causa por lo que perecen no está en Dios sino en ellos mismos. Perecen porque no aceptaron (tiempo pasado mirado desde el punto de vista de los días inmediatamente anteriores al juicio final) el amor por la verdad.

Pero ¿qué significa la expresión “el amor por la verdad”? Contestamos como sigue:

Al ser proclamado el evangelio, se insta a los oyentes a aceptar a Cristo con todos sus beneficios. Tales beneficios no son solamente objetivos, como el cielo, la resurrección del cuerpo, etc., sino también subjetivos, como el amor y la esperanza. Los oyentes que perecen llegan a este destino porque han rechazado lo que se les ha rogado aceptar, en este caso: “el amor por la verdad” (genitivo objetivo) como está Cristo (la verdad evangélica). El propósito de su aceptación hubiera sido “para que fuesen salvos”.

Es verdad que ningún hombre puede aceptar “el amor por la verdad” en sus propias fuerzas. Pero éste, sin embargo, no es el énfasis aquí. Lo que aquí se subraya es la culpa del hombre. Cuando el hombre se pierde, es siempre su propia culpa, jamás la de Dios.

11. Y por esta razón Dios les envía una engañadora fuerza para que crean en la mentira. Vale decir, los hombres del tiempo del fin, que se endurezcan contra la fervorosa exhortación para arrepentirse y recibir el amor por la verdad, sufriran el castigo de ser endurecidos. Dios les envíe (i.e. por cierto les enviará) una “energía de (i.e., para) error”. Será un poder que actuará poderosamente dentro de ellos, alejándoles aún más, de modo que creerán la mentira del anticristo.

12. Así será en el tiempo del fin. Dios enviará una engañadora fuerza a los corazones de los que tercamente rehusaron aceptar su verdad redentora; y esto, para que sean condenados todos los que no creyeron la verdad sino que se deleitaron en la injusticia.

Esto tiene referencia al juicio final. Entonces todos los engañados serán juzgados, i.e., condenados (en cuanto al verbo κρίνω véase C.N.T. sobre Jn. 3:17). Esta sentencia de condenación será justa e imparcial, puesto que éstos sobre los cuales es pronunciado, lejos de entregarse a la redentora verdad de Dios, hallaron su deleite (εὐδοκήσαντες, véase sobre 3:1) en lo que es francamente opuesto, es decir, en la injusticia (Véase sobre el versículo 9 más arriba). Tal antítesis entre verdad e injusticia (véase también Ro. 1:18;2:8; 1 Co. 13:6) indica que no se puede separar el intelecto humano de la voluntad y las emociones.

Cuando una persona realmente acepta la verdad de Dios, practicará la justicia; cuando no lo hace, sino que acepta la mentira del anticristo (¡ser neutral es imposible!), se deleitará en la injusticia.

El verdadero creyente jamás debe temer pertenecer a la minoría. Sólo el remanente será salvo. Todos los demás serán condenados.